Hay números que queman. Que no admiten eufemismos ni cobertura técnica. El informe que acaba de publicar el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA —coordinado por Roxana Maurizio y Luis Beccaria— es uno de esos documentos que elige la frialdad de los datos para describir algo que para millones de argentinos tiene temperatura de drama cotidiano: la destrucción sostenida del empleo formal y la licuación sin pausa de los sueldos.
La síntesis duele leerla de un tirón: en noviembre de 2025 —último dato disponible— se perdieron casi 23.400 puestos de trabajo registrados en un solo mes. El sector privado cedió 13.100 empleos. El Estado, otros 13.000. Y el salario mínimo real de enero de 2026 vale menos que en el año 2001, antes del estallido de la convertibilidad. No es una metáfora. Es aritmética pura.
Siete meses de caída consecutiva
El empleo formal no cayó de golpe. Lo hizo por etapas, como suelen ocurrir las crisis que nadie quiere llamar por su nombre. Primero vino el derrumbe entre septiembre de 2023 y agosto de 2024. Luego, una pausa esquizofrénica de subas y bajas hasta abril de 2025. Y después, la pendiente sin freno: siete meses seguidos de pérdidas, de mayo a noviembre, con cada mes peor que el anterior.
La foto total habla de 10,011 millones de trabajadores asalariados registrados en la seguridad social en noviembre, según los datos desestacionalizados del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Suena a mucho. Pero ese número es prácticamente el mismo que registró la Argentina en junio de 2022. Tres años y medio de creación de empleo, borrados.
El sector privado, con 6,18 millones de trabajadores formales, acumula seis meses consecutivos de caídas desde junio. La comparación con noviembre de 2023 es brutal: 192.000 empleos menos, una contracción del 3,0%. En perspectiva histórica, el nivel actual equivale al de octubre de 2018 y está un 3,5% por debajo del pico histórico de agosto de 2023.
Las industrias que mas sangran
No todos los sectores sufren por igual, pero en noviembre la lista de los que pierden puestos es larga y conocida. De los 13 sectores relevados, ocho registraron variaciones negativas. Minería, Industria y Comercio lideraron las caídas porcentuales con un 0,4% cada uno.
La industria manufacturera lleva más de dos años en contracción sostenida —desde septiembre de 2023— y acumula casi 63.000 puestos perdidos. Sólo en lo que va de 2025, se evaporaron alrededor de 34.000 empleos industriales. El índice sectorial hoy se ubica un 10,4% por debajo del nivel de octubre de 2013.
El comercio, que había sostenido cierto dinamismo hasta mediados de 2024, también torció la tendencia en junio de 2025 y suma seis meses de caídas consecutivas, con pérdidas que se fueron profundizando hasta el -0,4% de noviembre.
La construcción presenta una paradoja: el dato interanual muestra una leve mejora de 2.000 ocupados, pero esa cifra sólo supera los registros de la pandemia. Desde el pico de mayo de 2023, el sector perdió casi 97.000 puestos. El índice se encuentra al 79,4% del valor máximo.
¿Quién creció? Apenas tres sectores: Agro y Pesca (+0,3%), Hoteles y Restaurantes (+0,1%) y Servicios Personales (+0,1%). Una excepción estadística en un mar de pérdidas.
Desde el pico histórico de agosto de 2023, el empleo privado formal cayó un 3,5%. El nivel actual es similar al de hace siete años.
El mapa provincial: Buenos Aires y CABA explican el 69% del derrumbe
El colapso del empleo formal no es un fenómeno homogéneo en el territorio. En noviembre, 19 de las 23 provincias registraron caídas, y sólo 4 tuvieron variaciones positivas. Las peores marcas porcentuales las alcanzaron Formosa (-1,1%), Tierra del Fuego (-1,0%) y Catamarca (-0,8%).
Pero donde se concentra el drama en términos absolutos es en el centro neurálgico del país: la provincia de Buenos Aires, CABA y Mendoza explicaron juntas el 76% de la variación negativa total. Buenos Aires aportó el 40% de las pérdidas, la Ciudad el 29% y Mendoza el 7%. En todos los casos, su contribución superó ampliamente su peso relativo en el empleo nacional.
Los únicos focos de crecimiento fueron Neuquén (+0,8%), Jujuy (+0,5%) y Entre Ríos (+0,3%), casos atípicos que no alcanzan a compensar la tendencia general.
Las mujeres, ligeramente menos golpeadas
Dentro del drama, un matiz que merece ser anotado: desde febrero de 2025, el empleo femenino mostró un comportamiento algo más favorable que el masculino en la mayoría de los meses. En diciembre —según la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL)— ambos sexos sufrieron caídas, pero la brecha se mantuvo: -0,3% para los varones contra -0,1% para las mujeres.
El análisis por tamaño de empresa agrega otra capa: desde febrero a noviembre de 2025, no se registraron aumentos de empleo en empresas chicas ni grandes. En diciembre, la caída fue generalizada para todos los tamaños, con las empresas grandes perdiendo un 1,6% interanual, las chicas un 1,4% y las medianas un 0,3%.
Los despidos sin causa se disparan
Hay un dato que el informe subraya con particular énfasis y que debería encender todas las alarmas: la estructura de las desvinculaciones laborales está cambiando de manera significativa.
Históricamente, la renuncia voluntaria era la principal causa de salida del empleo formal, explicando más de la mitad de las bajas. Pero desde marzo de 2025, esa proporción cayó 11 puntos porcentuales, hasta el 45% en diciembre. En su lugar, crecieron los despidos sin causa: pasaron de representar entre el 13% y el 15% de las bajas a alcanzar el 18,7% en diciembre, el nivel más alto del período analizado.
Que más trabajadores sean echados a la calle sin justificación alguna mientras disminuyen los que se van por decisión propia es, en el lenguaje técnico del mercado laboral, una señal inequívoca de deterioro. Los trabajadores no renuncian cuando no tienen adónde ir.
El salario mínimo es menor al de hace 25 años
Si la pérdida de empleo es el drama visible, la erosión salarial es el drama silencioso. Y en el caso del salario mínimo, vital y móvil (SMVM), los números son de una crudeza histórica.
En enero de 2026, el SMVM fue ajustado a $341.000 mensuales. Ese incremento nominal fue, una vez más, insuficiente para ganarle a la inflación: el poder adquisitivo cayó un 1,0% en ese mes. Fue el séptimo mes consecutivo de pérdida real, que arrancó en julio de 2025.
La acumulación es devastadora: entre noviembre de 2023 y enero de 2026, el salario mínimo real se contrajo un 37%. Sólo en 2025, la caída fue del 9%. Y la comparación de largo plazo resulta impactante: el SMVM en términos reales de enero de 2026 se ubica por debajo del valor de 2001, antes del colapso de la convertibilidad. Representa apenas un tercio del máximo histórico de la serie, alcanzado en septiembre de 2011.
El salario mínimo real de enero de 2026 vale menos que en 2001. Representa apenas un tercio del pico histórico de septiembre de 2011.
Los sueldos del sector privado cuesta abajo
El índice de salarios del sector privado elaborado por el INDEC tampoco escapa a la tendencia. En diciembre de 2025 registró una leve caída de 0,3% en términos reales respecto al mes anterior, con caídas consecutivas desde septiembre. El valor actual es 1,6% inferior al de noviembre de 2023.
Los datos del SIPA para el sector privado muestran que en diciembre habría habido una nueva caída del 0,9% en términos reales —dato preliminar incluido en el informe de la Secretaría de Trabajo de febrero de 2026—, sumando así cuatro meses consecutivos de retroceso. De confirmarse, el salario medio de diciembre de 2025 habría crecido apenas un 1% con respecto a noviembre de 2023. En términos nominales, la remuneración promedio se ubicaría en $1.898.103.
En perspectiva histórica, ese nivel acumularía una caída de casi el 17% respecto del máximo de la serie, registrado en mayo de 2013.
El Sector Público, el mas golpeado
Si el panorama en el sector privado es grave, en el sector público la situación es directamente catastrófica. Los salarios reales del Estado sufrieron una contracción del 21,9% entre noviembre de 2023 y enero de 2024, una caída de una sola vez que no tiene precedentes recientes fuera de las grandes crisis.
La recuperación posterior fue lenta y parcial, mucho más débil que la del sector privado. En diciembre de 2025, el poder de compra de los salarios públicos cayó un 1,8% respecto a noviembre, y se ubica un 17% por debajo del nivel de noviembre de 2023 y un 40,3% por debajo del máximo registrado hace diez años.
El empleo público tampoco escapa al ajuste: en noviembre de 2025 se perdieron casi 13.000 puestos en el sector, la mayor reducción mensual desde el inicio de la pandemia. El empleo formal público (3,4 millones de trabajadores) está un 2,3% por debajo del nivel de noviembre de 2023 y un 0,9% por debajo del de noviembre de 2024.
Las trabajadoras de casas particulares, 11% menos de ingreso
El informe dedica un apartado especial a las trabajadoras de casas particulares, un segmento históricamente vulnerable que también profundiza su deterioro. La tendencia decreciente arrancó a mediados de 2023 y, con interrupciones menores, continuó durante todo 2025.
En noviembre de 2025 hubo un leve repunte de 2.700 puestos (+0,6%), pero no alcanza para revertir el cuadro: en términos interanuales, hay 5.000 trabajadoras menos (-1,2%), y respecto a noviembre de 2023, la pérdida asciende a 22.000 puestos (-4,8%). Desde el máximo histórico de la serie —octubre de 2019—, el empleo en este segmento se redujo un 11,7%, equivalente a casi 59.000 trabajadoras menos. El nivel actual es similar al de abril de 2015.
Los datos que compila EDIL no son una opinión. Son el registro administrativo de millones de vidas que trabajan —o intentan trabajar— en la Argentina formal. Detrás de cada millar de puestos perdidos hay familias que ajustan, expectativas que se postergan, consumo que se contrae. El informe no concluye con un diagnóstico político ni con una receta económica. Simplemente pone los números sobre la mesa. El resto es, como siempre, una decisión colectiva.












