Unión Europea: baraja ideas sobre un pacto comercial con Rusia

Mientras se licúan la ronda Dohá y la Organización Mundial de Comercio, dos altos funcionarios de Bruselas plantean una “apertura a Moscú”. O sea, una zona de libre intercambio entre la UE y su flanco oriental.

Esa variante se lanzó el lunes, pero de inmediato un vocero de la Comisión Europea salió a dar marcha atrás. Lo malo es que quienes auspiciaron el esquema son João Manoel Durão Barroso, presidente del cuerpo, y el comisario del ramo, Peter Mandelson. Por las dudas, el portavoz aclaró que “cualquier tratado con Rusia es una posibilidad distante. Pero no podemos descartar que esa economía siga mejorando debido a los precios de hidrocarburos”.

En otras palabras, la creciente dependencia europea respecto de crudos y –sobre todo- gas natural del este comienza a inspirar soluciones al margen de Dohá y la OMC. En esencia, una especie de pacto bilateral entre la Unión Europea y Rusia.

Por cierto, Bruselas viene presionando a Moscú para que abra o reabra sus sectores de hidrocarburos y energía al capital externo, al mismo otorgando libre acceso a los ductos a los proveedores mayoristas occidentales. Por su parte, Rusia intenta obtener mayor acceso a la propia UE. Pero recién ahora algunos hablan de acuerdos y no son rusos, sino europeos.

A criterio de observadores independientes, los dichos de Barroso y Mandelson son positivo y podrían ser señales del éxito moscovita en aprovechan recursos no renovables para lograr concesiones económicas y políticas. Esto se verá en la inminente cumbre del Grupo de los 8 en Peterburgo. Máxime si, por ejemplo, Rusia revelase haber desempeñado un papel en la súbita ola de privatizaciones lanzada el lunes por Irán.

Hablando ante una reunión en Helsinki, el primer ministro finés Matti Vanhanen –actual presidente rotativo de la UE- adhirió a las expresiones del portugués y el inglés. De hecho fue más lejos, diciendo que le gustaría ver tratativas abiertas en noviembre. Para entonces está programado un encuentro entre la UE y Rusia sobre asuntos comerciales y económicos.

Sin duda, Bruselas ansía cerrar un acuerdo sobre hidrocarburos con Moscú, para evitar que se repitan crisis como la de enero, cuando Gazprom le cortó wl suministro Ucrania y, por consiguiente, redujo el bombeo hacia Europa occidental. También por entonces, el monopolio estatal de gas admitió no haber invertido lo bastante en sus envejecidos yacimientos árticos. En este momento, casi 25% del gas usado en la UE proviene de Rusia.

Barroso buscó atenuar el efecto de sus declaraciones señalando que, antes de cualquier iniciativa, Rusia debiera incorporarse a la OMC. Fiel a sus habituales despiste, el portugués olvidaba que la propia suerte de la entidad está en duda y no por cuestiones petroleras.

Formalmente, la reunión de noviembre huele a pactos antiguos y futuros. El punto central del temario, en efecto, es la renovación o substitución de acuerdo a diez años UE-Rusia, que expira a fin de 2006. “Nuestro mandato no cubre eventuales convenios”, recordaba un holandés. Entonces ¿para que la conferencia?…

Por otra parte, Rusia presentó solicitud de ingreso a la OMC en 1993, apenas creada la entidad, ya ya cuenta con la aprobación de una sólida mayoría de miembros. Pero, oh, sigue trabada en negociaciones con Estados Unidos y la UE sobre patentes y derechos intelectuales (música, libros), tarifas aéreas y norma bancarias. Todo eso, sin embargo, empalidece ante las urgencias en materia de combustibles y energía. Después de todo, ésta forman parte de unm mundo donde el mito de la globalización total está diluyéndose.

Esa variante se lanzó el lunes, pero de inmediato un vocero de la Comisión Europea salió a dar marcha atrás. Lo malo es que quienes auspiciaron el esquema son João Manoel Durão Barroso, presidente del cuerpo, y el comisario del ramo, Peter Mandelson. Por las dudas, el portavoz aclaró que “cualquier tratado con Rusia es una posibilidad distante. Pero no podemos descartar que esa economía siga mejorando debido a los precios de hidrocarburos”.

En otras palabras, la creciente dependencia europea respecto de crudos y –sobre todo- gas natural del este comienza a inspirar soluciones al margen de Dohá y la OMC. En esencia, una especie de pacto bilateral entre la Unión Europea y Rusia.

Por cierto, Bruselas viene presionando a Moscú para que abra o reabra sus sectores de hidrocarburos y energía al capital externo, al mismo otorgando libre acceso a los ductos a los proveedores mayoristas occidentales. Por su parte, Rusia intenta obtener mayor acceso a la propia UE. Pero recién ahora algunos hablan de acuerdos y no son rusos, sino europeos.

A criterio de observadores independientes, los dichos de Barroso y Mandelson son positivo y podrían ser señales del éxito moscovita en aprovechan recursos no renovables para lograr concesiones económicas y políticas. Esto se verá en la inminente cumbre del Grupo de los 8 en Peterburgo. Máxime si, por ejemplo, Rusia revelase haber desempeñado un papel en la súbita ola de privatizaciones lanzada el lunes por Irán.

Hablando ante una reunión en Helsinki, el primer ministro finés Matti Vanhanen –actual presidente rotativo de la UE- adhirió a las expresiones del portugués y el inglés. De hecho fue más lejos, diciendo que le gustaría ver tratativas abiertas en noviembre. Para entonces está programado un encuentro entre la UE y Rusia sobre asuntos comerciales y económicos.

Sin duda, Bruselas ansía cerrar un acuerdo sobre hidrocarburos con Moscú, para evitar que se repitan crisis como la de enero, cuando Gazprom le cortó wl suministro Ucrania y, por consiguiente, redujo el bombeo hacia Europa occidental. También por entonces, el monopolio estatal de gas admitió no haber invertido lo bastante en sus envejecidos yacimientos árticos. En este momento, casi 25% del gas usado en la UE proviene de Rusia.

Barroso buscó atenuar el efecto de sus declaraciones señalando que, antes de cualquier iniciativa, Rusia debiera incorporarse a la OMC. Fiel a sus habituales despiste, el portugués olvidaba que la propia suerte de la entidad está en duda y no por cuestiones petroleras.

Formalmente, la reunión de noviembre huele a pactos antiguos y futuros. El punto central del temario, en efecto, es la renovación o substitución de acuerdo a diez años UE-Rusia, que expira a fin de 2006. “Nuestro mandato no cubre eventuales convenios”, recordaba un holandés. Entonces ¿para que la conferencia?…

Por otra parte, Rusia presentó solicitud de ingreso a la OMC en 1993, apenas creada la entidad, ya ya cuenta con la aprobación de una sólida mayoría de miembros. Pero, oh, sigue trabada en negociaciones con Estados Unidos y la UE sobre patentes y derechos intelectuales (música, libros), tarifas aéreas y norma bancarias. Todo eso, sin embargo, empalidece ante las urgencias en materia de combustibles y energía. Después de todo, ésta forman parte de unm mundo donde el mito de la globalización total está diluyéndose.

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