El bitcoin es un gran contaminante
La generación de cada nuevo bitcoin requiere una enorme cantidad de potencia de computación. O sea, de electricidad.

Las criptomonedas pasaron a tener una entidad más sólida esta semana cuando Cocoinbase, la bolsa de valores exclusiva para monedas virtuales, comenzó a cotizar en el índice Nasdaq. Las criptomonedas, que son monedas digitales que no son emitidas por los gobiernos sino por algoritmos, fueron durante bastante tiempo miradas con desdén por la élite financiera. Pero con una valuación de más de US$ 100.000 millones en algún momento del miércoles, Coinbase, una bolsa creada para la compra-venta de una clase de activos que no existían hace algo más de diez años, superó casi dos veces el valor de la Bolsa de Valores de Londres. Es hora de olvidar, entonces, la idea de que las criptomonedas son una moda pasajera, dice Ed Conway en el diario londinense The Times. Pero ahora que son parte del establishment, también ha llegado el momento de analizarlas. A diferencia de una moneda convencional, como la libra esterlina o el dólar, que se pueden crear de la nada, la única forma de crear un nuevo bitcoin es “haciendo minería electrónica”. Para tener la posibilidad de acuñar una nueva moneda, una computadora debe resolver un complicado problema matemático, algo que requiere consumir mucha energía de procesamiento. Cuantos más bitcoins se acuñen, más complicados se vuelven los problemas. Cuanta más energía colectiva se necesita para acuñar nuevas monedas más segura es la moneda porque haría falta una enorme cantidad de energía computacional para hackear el sistema. Esta fiebre del oro electrónico consume una enorme cantidad de energía. Un cálculo la aproxima a lo que consumen los Países Bajos. Tan serio es el problema que algunas criptomonedas proyectan reformar todo el proceso de “minería”. En un mundo que intenta contener la contaminación, algunos defensores del bitcoin presentan justificaciones. Una de ellas dice que el bitcoin es, en realidad, amigo del medio ambiente porque usa principalmente fuentes renovables de electricidad. Contra-argumento: más de la mitad de los “granjas de bitcoins” se encuentran en China, donde la mayor parte de la electricidad proviene del carbón. Desde ese punto de vista, el bitcoin podría ser el mayor enemigo del medio ambiente que existe. Otros inversores de bitcoins conceden que la moneda genera problemas de emisiones pero que podrían desaparecer si los procesadores se ubicaran junto a parques eólicos y solo se activaran cuando el viento sople con la suficiente fuerza como para generar más energía de la que necesita la red. Los críticos despedazan este argumento desde muchos ángulos.
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