El círculo social se va cerrando con los años
“Cuanto más envejecemos, más tiempo pasamos con la persona que vemos en el espejo,” dicen Corrine Purtill y Dan Kopf en un fascinante análisis de una verdad existencial. Menos familiares íntimos pueden crear años más solitarios en el ocaso, o más significativos.
El tiempo con amigos, colegas, hermanos e hijos disminuye en el transcurso de la vida. Esa es la conclusión de un análisis reciente de datos obtenidos de la American Time Use Survey, un censo anual que realiza el US Bureau of Labor Statistics sobre cómo pasan sus horas los norteamericanos. El científico de datos Henrik Lindberg analizó los resultados desde 2003 hasta 2015 para determinar cuánto tiempo pasan las personas con otra gente.
Algunas de las relaciones que encontró Lindberg son intuitivas. El tiempo con amigos cae abruptamente en la mitad de los 30, así como aumenta el tiempo que se pasa con los hijos. Alrededor de los 60 años — cuando se acerca la jubilación para muchos— la gente deja de salir tanto con compañeros de trabajo y comienza a pasar más tiempo con su pareja.
Otros resultados son algo más sorprendentes. Las horas que se pasan en compañía de niños, amigos y miembros de la familia extendida, se amesetan en la mitad de los 50 años. Y desde los 40 en adelante, pasamos cada vez más tiempo solos.
Estos descubrimientos coinciden con investigaciones que muestran que el número de amigos que tenemos llega a su pico alrededor de los 25 años y se ameseta entre los 45 y los 55. Pero el hecho de tener menos conexiones sociales no equivale necesariamente a soledad. Linda Carstensen, psicóloga de la Universidad de Stanford descubrió que la regulación emocional mejora con la edad, o sea que la gente deriva más satisfacción de las relaciones que tiene, cualquiera sea el número. Las personas mayores también dicen tener menos estrés y ser más felices que los jóvenes.
Pero la diferencia entre tener un círculo pequeño de relaciones de calidad y no tenerlo es crucial. 43% de los respondentes en una encuesta realizada en la Universidad de California-San Francisco entre adultos mayores, se describieron como "solitarios". Ese estudio y otro más grande el año siguiente descubrió que los ancianos socialmente aislados corrían más riesgo de enfermedades y muerte prematura.
Hay que aclarar que una persona no tiene que estar sola para sentirse sola. Más de la mitad de los respondentes que dijeron sentirse solos en el estudio de la UCSF vivían con una pareja. Parece entonces que para sentirse conectado con otros, el número de horas que se pasan en relaciones es menos importante que la calidad de la relación misma.
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