Una popular panadería y café en el barrio chino de San Francisco solía tener cola en la vereda por la calidad de sus productos. Pero el rumor acerca de un empleado que supuestamente había contraído el coronavirus los ahuyentó por completo. El dueño, Henry Chang, dice que ninguno de sus empleados está enfermo. Pero el temor se adueñó del barrio. El tráfico de peatones se redujo más de la mitad.
Lo mismo ocurre en todo el mundo. El miedo alejó a los clientes de los distritos chinos… y de sus comercios. En algunos casos el mismo miedo se manifiesta también hacia clientes chinos. Una heladería en Roma, por ejemplo, pegó un cartel en su puerta de vidrio con la advertencia escrita en italiano, inglés y chino: debido a medidas internacionales de seguridad , no se permite el acceso a este local sa todas aquellas personas procedentes de China.
En general, esas preocupaciones son infundadas, podría incluso tacharse de racistas y totalmente contrarias al consejo de los organismos de seguridad pública, incluida la Organización Mundial de la Salud. Pero para los negocios, son absolutamente reales, tan reales como el impacto en sus ventas.