¿Tiene la empresa un nuevo rol en la sociedad?

Es un hecho incontrovertible: el comportamiento general de las empresas ha cambiado,

23 agosto, 2020

Por: Miguel Ángel Diez

Es el producto de la necesidad durante los últimos meses, generada por la crisis pandémica. Surge con nitidez la necesidad de un nuevo contrato social entre ellas, el Estado, la sociedad y sus empleados. En buena medida ha obligado a repensar cuál es –o será– el verdadero comportamiento de ellas.

Se plantea el interrogante: cuándo se retorne a algo parecido a la normalidad, el saldo de las transformaciones, ¿será positivo? Lo que es evidente es que hay cambios en las ideas dominantes sobre cuál es el rol corporativo en la sociedad.

Es que se está operando un profundo cambio en las economías como consecuencia de la Covid–19. En ese proceso los gobiernos contraen deuda, imprimen moneda e intervienen en los mercados de capitales. Todo eso respaldado –por ahora– con baja in­acción en las más importantes economías (no así en las de países emergentes, como el nuestro).

Lo cierto es que cada era de la economía afronta un desafío nuevo. Después de la década de 1930 la tarea era prevenir depresiones. En los años 70 y principios de los 80 la meta fue terminar con la estan­flación. El desafío actual para los políticos es que deben aprender a manejar el ciclo de negocios y combatir crisis financieras sin politizar la economía.

En forma simultánea, la pandemia ha creado un inmenso desafío humanitario: millones de personas enfermas y cientos de miles de muertos; altísimas tasas de desempleo en las economías más sólidas del mundo; los bancos de alimentos rebasados; los gobiernos esforzándose por brindar los servicios vitales.

La pandemia también es un desafío para las empresas –y sus CEO–, uno nunca visto, que las obliga a un cambio brusco en la forma en que trabajan los empleados, cómo se comportan los clientes, cómo funcionan las cadenas de suministro y hasta lo que en última instancia constituye el desempeño de la empresa.

Rediseño de la sociedad

Salud, educación, deuda. Hay una profunda necesidad de un nuevo contrato social. Según advierte Dirk Holemans, director de la London School of Economics and Political Science, en su ensayo: ‘What Do We Owe Each Other? Social Contracts for the 21st Century’, Covid–19 ha puesto en evidencia profundas fallas en nuestras sociedades que han estado presentes durante décadas, y que se han refl­ejado en el desencanto de la gente por las vidas que les ofrece la dirigencia de cada país.

Incluso antes de que golpeara la pandemia, las encuestas mostraban que cuatro de cada cinco personas en Estados Unidos, Europa, China e India y varios países en desarrollo creían que “el sistema” no les estaba funcionando.

El coronavirus hizo más evidentes las deficiencias de los sistemas de salud, la naturaleza cada vez más precaria del trabajo y la inequidad de los intercambios entre las generaciones.

Ahora existe la oportunidad de usar esta crisis para definir cómo sería un nuevo contrato social más justo para todos. En salud, ha llegado el momento para lograr una verdadera cobertura universal.

Tres epidemias mortales recientes –Sars, Mers y Ébola– tuvieron consecuencias devastadoras, pero geográficamente estuvieron contenidas. Por el contrario, el coronavirus circunnavegó el mundo sembrando caos, particularmente en aquellos países con vulnerabilidades sanitarias.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que todos los países brinden un paquete sanitario esencial de atención prenatal, inmunizaciones y tratamiento de enfermedades de transmisión. Cuesta cerca de 5% del PBI.

La mayoría de los países pueden hacer frente a eso, excepto las comunidades con bajos ingresos y poblaciones en rápido crecimiento que necesitarán ayuda externa para atender esos mínimos requisitos de salud.

Las disrupciones económicas serán más frecuentes en el futuro no solo por pandemias sino por el rápido cambio tecnológico asociado con la revolución digital y la automatización. Un nuevo contrato social para el trabajo debe brindar mayor seguridad.

Los elementos esenciales de un nuevo contrato social incluyen poner un piso a los ingresos de las personas mediante mejores salarios mínimos o subsidios al salario, beneficios obligatorios para los trabajadores ­exigibles e invertir seriamente en recapacitar a aquellos que están desempleados.

Los países se dividen entre los que brindan menos flexibilidad y mucha protección (la mayoría en Europa), mucha ­flexibilidad y poca protección (Estados Unidos), y poca protección con poca ­flexibilidad para el sector formal y mucha ­flexibilidad para el sector informal (la mayoría en Asia, África, Medio oriente y América latina).

Unos pocos países –Dinamarca, Nueva Zelanda, Japón y Australia– ocupan “el punto justo” de brindar mucha fl­exibilidad y mucha protección. Logran el equilibrio justo que da a los empleadores flexibilidad para ajustar su fuerza laboral mientras se aseguran de que los trabajadores están apoyados mientras pasan a otros empleos, mientras mantienen un nivel de vida razonable. Covid–19 también ha tenido impactos diferentes sobre las generaciones.

(*) Director de Mercado

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