Por encima de todo, Internet

Es el desarrollo más importante del siglo XX y afectará al siglo XXI de maneras que no podemos siquiera imaginar.

La Internet está cambiando todas las reglas. Esa es la noticia más importante con que iniciamos el siglo XXI.

Y no es que las otras tendencias y tecnologías que están apareciendo no sean importantes, o que no vayan a afectar, especialmente algunas de ellas, la forma en que trabajemos y vivamos en este milenio.

Son importantes y van a incidir. Pero ninguna jugará un papel tan grande en el futuro desarrollo de la aldea global como el explosivo crecimiento de la World Wide Web.

Ni siquiera la combinación de las ciencias de la vida con la tecnología derivada de la computación serán un desarrollo tan profundo.

Porque esa combinación y esa convergencia no podría ser posible sin las comunicaciones instantáneas que permite la Red.

Los cambios que se derivarán de la Internet en este nuevo siglo afectarán todos los aspectos de nuestra vida.
• La forma en que trabajamos y con quién trabajamos.

La colaboración internacional entre equipos de trabajo de diferentes países serán un hecho cotidiano a medida que se vayan creando nuevas organizaciones para desarrollar y distribuir productos y servicios.

• Cómo compramos, dónde compramos, qué compramos y cuánto pagamos.

En el próximo siglo no existirá el precio fijo. El formato remate popularizado por eBay y otros sitios web se convertirá en el formato predominante para la fijación de precios.

• Cómo nos educamos, quién nos enseña, dónde y cuándo.

Los chicos seguirán asistiendo a la escuela primaria, secundaria y terciaria en grupos de pares para aprender a trabajar en equipo, a cooperar, a comunicarse y a liderar.

Pero las habilidades académicas serán adquiridas a través de la Internet con módulos de aprendizaje que tendrán el ritmo que le imponga cada persona para incorporar conocimientos a la velocidad que les convenga.

Las universidades atenderán estudiantes con distinta formación previa, porque la tradicional carrera presencial con duración prefijada cederá paso al aprendizaje permanente.

• La manera de hacer y mantener relaciones.

Las personas con intereses similares se reunirán en comunidades afines en el ciberespacio para formar relaciones virtuales.

Para el año 2020, todos los pueblos estarán conectados a la World Wide Web y el acceso será considerado un derecho más que un privilegio. Los gobiernos de los países comenzarán a eliminar las barreras al uso de la Internet.

Las personas que más se verán afectadas por el uso generalizado de la Internet serán los jóvenes que hoy todavía no van a la escuela, y sus hijos y los hijos de sus hijos.

Ellos serán los que aprovechen la Web en todo su potencial así como los industriales aprovecharon las autopistas y las redes ferroviarias y la computación aprovechó las líneas telefónicas.

La camada que ahora va a la universidad es el último grupo demográfico cuyas vidas no será totalmente alterada por la Internet.

Los chicos que ahora están en la escuela primaria no piensan en la red, la tienen allí, está para usar. Es una herramienta más, como el teléfono, la compactera, el televisor o la PC.

La Internet está cambiando todas las reglas. Esa es la noticia más importante con que iniciamos el siglo XXI.

Y no es que las otras tendencias y tecnologías que están apareciendo no sean importantes, o que no vayan a afectar, especialmente algunas de ellas, la forma en que trabajemos y vivamos en este milenio.

Son importantes y van a incidir. Pero ninguna jugará un papel tan grande en el futuro desarrollo de la aldea global como el explosivo crecimiento de la World Wide Web.

Ni siquiera la combinación de las ciencias de la vida con la tecnología derivada de la computación serán un desarrollo tan profundo.

Porque esa combinación y esa convergencia no podría ser posible sin las comunicaciones instantáneas que permite la Red.

Los cambios que se derivarán de la Internet en este nuevo siglo afectarán todos los aspectos de nuestra vida.
• La forma en que trabajamos y con quién trabajamos.

La colaboración internacional entre equipos de trabajo de diferentes países serán un hecho cotidiano a medida que se vayan creando nuevas organizaciones para desarrollar y distribuir productos y servicios.

• Cómo compramos, dónde compramos, qué compramos y cuánto pagamos.

En el próximo siglo no existirá el precio fijo. El formato remate popularizado por eBay y otros sitios web se convertirá en el formato predominante para la fijación de precios.

• Cómo nos educamos, quién nos enseña, dónde y cuándo.

Los chicos seguirán asistiendo a la escuela primaria, secundaria y terciaria en grupos de pares para aprender a trabajar en equipo, a cooperar, a comunicarse y a liderar.

Pero las habilidades académicas serán adquiridas a través de la Internet con módulos de aprendizaje que tendrán el ritmo que le imponga cada persona para incorporar conocimientos a la velocidad que les convenga.

Las universidades atenderán estudiantes con distinta formación previa, porque la tradicional carrera presencial con duración prefijada cederá paso al aprendizaje permanente.

• La manera de hacer y mantener relaciones.

Las personas con intereses similares se reunirán en comunidades afines en el ciberespacio para formar relaciones virtuales.

Para el año 2020, todos los pueblos estarán conectados a la World Wide Web y el acceso será considerado un derecho más que un privilegio. Los gobiernos de los países comenzarán a eliminar las barreras al uso de la Internet.

Las personas que más se verán afectadas por el uso generalizado de la Internet serán los jóvenes que hoy todavía no van a la escuela, y sus hijos y los hijos de sus hijos.

Ellos serán los que aprovechen la Web en todo su potencial así como los industriales aprovecharon las autopistas y las redes ferroviarias y la computación aprovechó las líneas telefónicas.

La camada que ahora va a la universidad es el último grupo demográfico cuyas vidas no será totalmente alterada por la Internet.

Los chicos que ahora están en la escuela primaria no piensan en la red, la tienen allí, está para usar. Es una herramienta más, como el teléfono, la compactera, el televisor o la PC.

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