Ahora hay otra epidemia: enfermedades mentales

Las empresas deberán esforzarse por tratarlas y prevenirlas.

Ha llegado el momento para que las empresas actúen de acuerdo a lo que vienen pregonando desde hace mucho tiempo, que es la afirmación que lo más importante de la empresa es la gente que trabaja en ella.

Hasta hace muy poco tiempo el agotamiento era la causa más frecuentemente mencionada cuando algún ejecutivo renunciaba a su cargo. El estrés y el burnout rara vez se mencionaban. Y la enfermedad mental prácticamente nunca. Gradualmente se ha ido borrando el estigma asociado a una enfermedad mental. El coronavirus y las subsiguientes cuarentenas fueron un ataque a dos puntas descargado contra el bienestar mental de los trabajadores y la respuesta de las empresas no tardó en aparecer. Los equipos de recursos humanos salieron a socorrer a los empleados brindando sesiones terapéuticas o apps especializadas.

Ahora esas estrategias para reducir riesgos deben profundizarse y sostenerse más allá de la crisis con el énfasis puesto tanto en las prevención como en el tratamiento.

Y sin embargo, la enfermedad mental sigue siendo un área descuidada del estudio científico señala la Healthy Brains  Global Iniciative, un fondo británico de investigación científica. A pesar de la fuerte evidencia que existe de la eficacia de soluciones económicas, como la terapia psicológica, para el tratamiento de enfermedades mentales suaves, con demasiada frecuencia los sistemas de salud recurren a medicación. Y aun así, solo una minoría de los pacientes recibe algún tipo de tratamiento, especialmente en los países más jóvenes.

Pero más investigación y mejor acceso a los tratamientos no constituyen las únicas maneras de contener la epidemia de enfermedades mentales. Los directores de empresas deberían imponer desde arriba una carga laboral manejable para asegurar que todos los líderes de empresas – y no solamente los gerentes de recursos humanos – entiendan la enfermedad mental y estén preparados para contener el riesgo de agotamiento antes de que explote.

El trabajo remoto obligatorio enseñó a los líderes empresariales mucho sobre las familias de los empleados y su entorno. Deberían tener una nueva apreciación sobre las tensiones impuestas al personal cuando un familiar cercano se enferma, por ejemplo. Sería sensato extender automáticamente la asistencia al empleado en esos casos.

 

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