El mercado inmobiliario argentino transita un cambio de modelo: del ladrillo como refugio de valor hacia un esquema que apunta a democratizar el acceso a la inversión mediante fondos de inversión inmobiliaria regulados. La propuesta combina montos de entrada más bajos, mayor liquidez y gestión profesional, con referencias a experiencias ya consolidadas en otros países de América Latina.
El núcleo de la transformación se apoya en vehículos de inversión asociados globalmente a los REITs (Real Estate Investment Trusts). En términos operativos, un REIT es una empresa que posee, opera o financia bienes raíces que generan ingresos y permite comprar acciones o participaciones en carteras de activos inmobiliarios, en lugar de adquirir una propiedad completa.
En el caso argentino no existe una figura legal idéntica, pero se ofrecen como equivalente fondos de inversión directa cerrados inmobiliarios, regulados por la Comisión Nacional de Valores (CNV). La lógica es trasladar parte del financiamiento del sector desde la compra directa a instrumentos que habiliten participación de ahorristas con capital limitado en la renta de grandes desarrollos corporativos, centros comerciales o complejos residenciales.
Mariano García Malbrán, presidente de la Cámara de Empresas de Servicios Inmobiliarios (Camesi), planteó que pasar del “ladrillo como refugio al ladrillo accesible, es decir, concretar una democratización real del mercado, implica dejar atrás barreras altas (mucha plata inmovilizada, poca liquidez) e ir a un esquema donde más argentinos pueden participar con tickets más bajos, diversificación y salida más rápida”.
En esa línea, el directivo sostuvo: “La idea inspiradora es clara: el real estate deja de ser un privilegio de pocos para transformarse en una herramienta de ahorro e inversión para muchos. Los créditos hipotecarios deben ser los que transformen la realidad de los argentinos para que haya menos inquilinos y más dueños”.
El cambio también modifica la administración de los recursos: deja de quedar en manos de particulares para pasar a gestores de fondos profesionales. Ese esquema incorpora métricas, reportes y gobierno corporativo, con el objetivo de reducir riesgos operativos y ordenar la cadena de valor. “Eso mejora la confianza, reduce riesgos operativos y ordena la cadena de valor”, dijo García Malbrán, presidente de Camesi.
La perspectiva asociada a este nuevo escenario contempla un crecimiento sostenido bajo nuevas reglas de juego, con impacto potencial en el volumen de construcción, la profesionalización del mercado de alquileres y la atracción de capitales internacionales, condicionada a que el marco macroeconómico acompañe.











