Durante años, el mercado inmobiliario argentino funcionó como un ecosistema en pausa. Nos acostumbramos a ver un stock de propiedades que no paraba de crecer, acumulando unidades que permanecían publicadas meses, incluso años, sin encontrar comprador. Sin embargo, el 2025 marcó un punto de inflexión histórico y este 2026 nos encuentra consolidando un cambio de paradigma: la vuelta del crédito hipotecario no solo reactivó las ventas, sino que empezó a “limpiar” un stock que parecía infinito.
Tradicionalmente, el sector se ha movido por flujos de capital propio en lugar de financiamiento bancario. El mercado dependía exclusivamente del ahorro previo o de la herencia, lo que generó un cuello de botella donde la oferta superaba ampliamente a la demanda. Con la llegada del crédito hipotecario, las reglas del juego cambiaron. Por eso, ahora más que nunca, contar con la mirada de un experto en real estate resulta estratégico para entender la mejor alternativa para cada inversor.
Los números de 2025 son contundentes: el stock de créditos hipotecarios alcanzó los $6,5 billones, con un crecimiento nominal que superó el 250% interanual. Este flujo de capital inyectó una vitalidad que no veíamos desde 2017. Lo más interesante es el efecto dominó. No es solo el que compra con crédito; es el vendedor de esa propiedad que, al recibir los dólares, se vuelca al mercado para comprar otra unidad, muchas veces sin necesidad de financiamiento. Cada crédito otorgado multiplica las operaciones, reduciendo el stock remanente a una velocidad que no veíamos hace una década.
Durante el largo periodo sin crédito, el stock se infló con propiedades mal tasadas o dueños que no tenían urgencia. Hoy, con nuevas reglas de juego y las cartas echadas, el mercado exige más claridad y realismo. De allí la necesidad del sinceramiento de precios. Con la aparición del comprador con crédito, la brecha de negociación se achica drásticamente, ubicándose hoy cerca del 6%. El comprador que tiene el crédito aprobado no quiere perder tiempo; si la propiedad está en precio, la reserva. Sino, busca otra.
Por otro lado, los tiempos ya no son los mismos: mientras que en 2024 se necesitaban, en promedio, 25 meses para absorber el stock disponible en ciertas zonas de Buenos Aires; hoy ese indicador bajó a 18 meses. Esto quiere decir que se está vendiendo más rápido porque hay un combustible que antes no existía. ¿Cuál es el desafío para 2026?, la reposición del stock.
Producto de estos cambios, estamos viendo una escasez selectiva. El stock de “usado joven” y de unidades de 2 y 3 ambientes en barrios como Palermo, Caballito o Villa Urquiza se está agotando más rápido de lo que la construcción puede reponer. Acá es importante entender que el ciclo inmobiliario tiene tiempos propios: un desarrollo desde el pozo tarda en promedio 30 meses, mientras que un crédito se liquida en 60 días. Es lógica pura: si la velocidad de venta sigue superando a la velocidad con la que se vuelcan nuevas unidades al mercado, empezaremos a ver una presión alcista más marcada en los precios.
El reto para este año no es solo vender, sino saber reponer. Estamos pasando de un mercado donde lo difícil era encontrar al comprador, a uno donde lo difícil será encontrar la propiedad indicada. El propietario que entienda que su activo hoy vale más por su escasez que por su ladrillo, será el gran ganador de este ciclo. Con el metro cuadrado en CABA promediando los USD 2.500, y con zonas premium superando ampliamente los USD 3.000, mi consejo para quienes están del lado de la oferta es vender si el objetivo es “subirse” a una propiedad superior. Para los compradores, la ventana de oportunidad con precios todavía competitivos y crédito disponible no durará para siempre.












