The Brain Prize 2026 premió a David Ginty y Patrik Ernfors por avances somatosensoriales
El galardón distinguió a los investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard y del Karolinska Institutet por describir cómo el sistema nervioso detecta y procesa el tacto y el dolor, con impacto potencial en el desarrollo de intervenciones específicas para dolor crónico e hiper o hiposensibilidad

The Brain Prize 2026 fue otorgado a los profesores David Ginty, de la Facultad de Medicina de Harvard (EE. UU.), y Patrik Ernfors, del Karolinska Institutet (Suecia), por descubrimientos sobre cómo el sistema nervioso detecta y procesa el tacto y el dolor. El reconocimiento se enfocó en aportes que reescribieron principios de la somatosensación y abrieron nuevas vías para el desarrollo de tratamientos específicos para afecciones como el dolor crónico y la hipersensibilidad al tacto.
El trabajo distinguido se concentra en el sistema somatosensorial, responsable de la percepción del propio cuerpo y de sus interacciones físicas con el entorno. Esta función incluye la capacidad de registrar estímulos cotidianos como una brisa pasajera, la forma y la textura de los objetos en las manos o el contacto físico con otras personas. También aporta retroalimentación sensorial crucial para controlar el movimiento y la respuesta frente al mundo exterior.
Dentro de ese sistema se encuentra la percepción del dolor, que puede originarse en estímulos mecánicos, el calor y sustancias químicas nocivas. Aunque se lo describa como una experiencia desagradable, cumple un rol central para la supervivencia al actuar como un sistema de alerta que protege del peligro. Cuando se altera la capacidad normal de percibir el tacto y el dolor, pueden aparecer afecciones “graves y debilitantes”, como la hipersensibilidad al tacto —observada en muchos trastornos del desarrollo— y el dolor crónico, que afecta a millones de personas en todo el mundo.
Aunque el tacto y el dolor se estudian desde hace más de 150 años, los hallazgos premiados aportaron una caracterización más precisa de los mecanismos celulares y de circuito. En particular, identificaron cómo las células nerviosas de la piel transforman estímulos dolorosos, térmicos y mecánicos —como caricias, vibraciones o presión— en señales neuronales. Además, describieron cómo esas señales se transmiten y procesan en la médula espinal y luego se envían al cerebro, donde se crean la percepción y las reacciones emocionales y conductuales ante las interacciones con el mundo físico.
Andreas Meyer-Lindenberg, presidente del Comité de Selección de The Brain Prize, sostuvo: “La somatosensación define la integridad del cuerpo y el límite entre el cuerpo y el mundo”. En su explicación, vinculó el reconocimiento con la capacidad de detectar e interpretar el tacto, el dolor, la picazón y la temperatura, basada en una diversidad de neuronas sensoriales periféricas, células de soporte y circuitos de la médula espinal y del tronco encefálico organizados con precisión.
Lene Skole, directora ejecutiva de la Lundbeck Foundation, afirmó: “Nuestra capacidad para sentir el tacto y el dolor es quizás el sentido más infravalorado de todos”.
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