sábado, 10 de enero de 2026

Del rebote al retroceso: la industria cerró noviembre con una caída generalizada

El IPI manufacturero retrocedió 0,6% frente a octubre en la medición desestacionalizada. El acumulado enero-noviembre todavía mostró una suba de 2,0%, sostenida por el arrastre de los primeros meses del año, pero con un cierre marcado por caídas generalizadas.

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En noviembre de 2025, la producción industrial manufacturera volvió a ubicarse en terreno negativo. El Índice de Producción Industrial (IPI) del Indec registró una baja de 8,7% interanual y una caída de 0,6% respecto del mes anterior en la serie desestacionalizada. La tendencia-ciclo también fue negativa (-0,1%). 

El dato de noviembre se apoyó sobre un patrón que la revista describió en distintos informes a lo largo de 2025: un rebote estadístico después del piso de 2024, con avances que no lograron transformarse en una trayectoria estable. En octubre, por ejemplo, el IPI había caído 2,9% interanual y había mostrado retroceso en el margen, aun con un acumulado positivo. 

La foto de noviembre es más exigente. Quince de las dieciséis divisiones del índice mostraron caídas interanuales. Solo refinación del petróleo, coque y combustible nuclear registró una suba (6,3%). 

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Un rebote que no se consolidó

El punto central del informe oficial es la convivencia de dos señales. Por un lado, el acumulado enero-noviembre de 2025 exhibió una mejora de 2,0% frente a igual período de 2024. Por el otro, la dinámica mensual fue de debilitamiento: desde mediados de año, el indicador alternó meses con avances puntuales y retrocesos, con un cierre de noviembre que profundizó el freno. 

Ese contraste es consistente con el enfoque que la revista trabajó en la cobertura de 2025: el crecimiento interanual, cuando aparece, suele reflejar más la baja base de comparación que una expansión generalizada de la demanda o la inversión. La lectura de “recuperación parcial” convivió con señales de fragilidad en rubros ligados al mercado interno. 

La serie desestacionalizada aporta otra pista. En noviembre cayó 0,6% respecto de octubre. La tendencia-ciclo, que busca aproximar el rumbo subyacente, también cedió (-0,1%). En términos simples: no solo hubo una mala comparación interanual; también hubo retroceso frente al mes previo. 

El mapa sectorial: caídas amplias y un único ganador

En noviembre, las mayores bajas se concentraron en ramas sensibles al consumo y a la inversión productiva. Textiles se desplomó 36,7% interanual; vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes cayó 23,0%; maquinaria y equipo retrocedió 17,9%; y prendas de vestir, cuero y calzado bajó 17,6%. Productos de metal también mostró una contracción marcada (-18,6%). 

En el nivel general, las incidencias negativas más relevantes correspondieron a alimentos y bebidas (por su peso en el índice), automotores, maquinaria y equipo, y el bloque de prendas y textiles. En sentido inverso, refinación de petróleo aportó una incidencia positiva, aunque insuficiente para compensar el resto. 

El informe detalla, además, señales cualitativas detrás de los números. En alimentos y bebidas (-7,8% interanual), el Indec relevó un menor nivel de pedidos de demanda interna en segmentos como panificados y pastas (-11,9%). También registró caídas en bebidas (gaseosas, aguas, cervezas y otras) (-12,7%) y en vino (-12,4%), con referencias a menores ventas y despachos al mercado interno. 

En automotores, el Indec consignó una baja interanual de 28,7% en la fabricación de vehículos, junto con un retroceso de 19,9% en autopartes. Según datos citados de Adefa, las ventas a concesionarios de automóviles y utilitarios nacionales cayeron 44,8% interanual en noviembre. En exportaciones, el informe señaló una caída de 57,7% en autos, una suba de 62,8% en utilitarios y una baja de 29,2% en los envíos a Brasil. 

Detrás del dato: demanda, importaciones y competencia

El documento oficial atribuye parte de la caída en rubros de consumo durable a una menor demanda local y a la competencia de importados. En aparatos de uso doméstico, la baja fue de 39,7%, con mención a menor producción de heladeras, freezers y lavarropas. La misma lógica aparece en prendas y calzado, donde la contracción se vinculó con menor demanda y mayor ingreso de productos importados. 

Ese punto dialoga con otro eje trabajado por la revista durante 2025: el comportamiento de importaciones de intermedios y autopartes como termómetro de la actividad, y el impacto de la capacidad instalada sobre el ritmo de compras externas. En la cobertura del superávit comercial de 2025, el IPI de octubre ya aparecía como referencia de una industria que moderaba pedidos y producción. 

El panorama sectorial también muestra asimetrías. Refinación del petróleo creció 6,3% interanual y se ubicó como excepción dentro de un cuadro de caídas múltiples. Ese comportamiento, con mayor resiliencia relativa de energía frente a ramas ligadas al consumo masivo o a bienes de capital, también fue un rasgo recurrente de 2025 en análisis macro de la revista.   

Lo que deja noviembre para el arranque de 2026

El cierre parcial de 2025 deja una lectura doble. El acumulado todavía quedó en positivo, pero con una desaceleración que se hizo visible en el segundo semestre. En términos de gestión empresarial, el dato vuelve a poner en el centro tres variables: el nivel de demanda, la dinámica de costos y el grado de presión competitiva desde el exterior, en particular en rubros de consumo durable y textiles. 

Para el arranque de 2026, el IPI de noviembre funciona menos como un punto aislado y más como confirmación de un patrón: la recuperación no se distribuyó de manera homogénea. En 2025, la revista describió una industria que salía del piso sin consolidar un ciclo de expansión. El informe de noviembre agrega un dato: el “rebote” puede convivir con un deterioro en el margen cuando el mercado interno no acompaña y la competencia se intensifica. 

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