Actividad en retroceso: el rebote perdió amplitud sectorial
El EMAE cayó 2,1% interanual en febrero y retrocedió 2,6% contra enero. La mejora quedó concentrada en minería y agro, mientras industria y comercio volvieron a explicar la mayor parte de la contracción.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en febrero de 2026 una caída de 2,1% interanual y una baja de 2,6% frente a enero en la serie desestacionalizada, según informó el Indec. El dato marca un cambio relevante respecto del inicio del año: la economía dejó atrás la leve mejora de enero y volvió a mostrar una recuperación estrecha, sostenida por pocos sectores y con debilidad en los rubros de mayor peso sobre empleo, consumo e industria.
Una recuperación menos extendida
El informe oficial muestra que ocho sectores crecieron en la comparación interanual. Los mayores avances correspondieron a pesca, con una suba de 14,8%, y explotación de minas y canteras, con 9,9%. También creció agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con 8,4%.
Sin embargo, el aporte positivo no alcanzó para compensar el deterioro de las ramas más vinculadas con el mercado interno. Industria manufacturera cayó 8,7% interanual y comercio mayorista, minorista y reparaciones retrocedió 7%. Entre ambos sectores restaron 2,2 puntos porcentuales a la variación general del EMAE.
El dato confirma una tensión que ya se venía señalando: la mejora agregada de algunos indicadores no implica una recomposición homogénea de la economía. En enero, el EMAE había mostrado una suba leve, pero con señales de fragilidad. En notas recientes, se advirtió que el crecimiento aparecía concentrado en pocos rubros, mientras la industria y el comercio seguían rezagados.
Industria, empleo y consumo
La caída industrial de febrero vuelve a ocupar el centro del diagnóstico. Habíamos señalado que la industria manufacturera operaba con bajo uso de capacidad instalada: en enero de 2026 utilizó apenas 53,6% de su capacidad, por debajo del 55% registrado un año antes. Ese dato anticipaba una actividad fabril con poca tracción, aun en un contexto de mayor estabilidad nominal.
La contracción de la industria tiene impacto directo sobre el empleo formal. En otra cobertura reciente, Mercado recogió el diagnóstico de Martín Rapetti ante FITA: el empleo formal privado mantenía una tendencia descendente, con una pérdida cercana a 200.000 puestos, mientras crecían los trabajadores monotributistas y cuentapropistas.
Esa composición importa. Una economía que crece por minería, agro o pesca puede mejorar el nivel agregado de actividad, pero no necesariamente genera empleo urbano formal en la misma proporción. La industria y el comercio, en cambio, tienen mayor densidad laboral y mayor vínculo con el consumo masivo. Por eso, su caída pesa más allá del número mensual.
Tipo de cambio e inflación
El nivel del tipo de cambio también aparece como una variable central. Mercado analizó en notas previas que los salarios crecían frente al dólar oficial, pero volvían a quedar presionados frente a la inflación. El tipo de cambio nominal promedio mensual del BCRA pasó de $1.058,46 en febrero de 2025 a $1.409,66 en febrero de 2026, una suba de 33,2%, mientras el índice salarial total aumentó 35,8% en el mismo período.
Esa dinámica implica una apreciación relativa de costos medidos en dólares. Para sectores expuestos a la competencia externa, en especial industria y algunas ramas comerciales, el efecto puede ser doble: presión sobre márgenes y mayor competencia de importados. Mercado ya había vinculado este proceso con la dificultad de la industria para acompañar la mejora de otros indicadores.
La inflación completa el cuadro. Aunque la desaceleración nominal fue uno de los ejes del programa económico, la persistencia de registros mensuales elevados limita la recuperación del poder de compra. En enero, Mercado había señalado que 2026 comenzaba con una inflación estimada de 2,2% mensual y un peso más apreciado. Luego, otras coberturas advirtieron que la inflación núcleo y la actividad estancada abrían una zona de tensión para el programa.
El dato político de la actividad
El EMAE de febrero no describe una recesión generalizada, pero sí una economía con crecimiento poco difundido. Minería y agro aportan, pero industria y comercio restan. La construcción quedó casi neutra, con una baja de 0,6%. Transporte y comunicaciones cayó 0,3%. Electricidad, gas y agua retrocedió 6%.
En términos acumulados, el primer bimestre muestra una baja de 0,2% frente al mismo período de 2025. Es un dato todavía acotado, pero relevante: indica que el arranque del año no consolidó el rebote que el Gobierno esperaba mostrar como resultado de la estabilización.
El próximo informe del EMAE, correspondiente a marzo, será difundido el 21 de mayo. Allí se verá si febrero fue una interrupción puntual o el comienzo de una fase más débil. Por ahora, el mensaje es claro: la economía estabilizó algunas variables, pero la actividad real sigue condicionada por inflación persistente, atraso cambiario relativo, empleo formal en baja y consumo frágil.
Artículos relacionados

Cuando la IA explica, los humanos dejan de evaluar
Un estudio de Harvard Business School y MIT detecta que las explicaciones narrativas de la inteligencia artificial reducen el juicio crítico de los evaluadores y aumentan la dependencia de sus recomendaciones.

La IA ya entró en la empresa, pero el valor todavía está en discusión
Un estudio de Wharton y GBK Collective muestra que la adopción de inteligencia artificial generativa dejó de ser experimental en las grandes compañías. La discusión ahora pasa por el retorno, la gobernanza y la capacidad de las organizaciones para formar a sus equipos.

La recuperación no llega a las fábricas
El nuevo relevamiento del INDEC muestra un sector manufacturero que estabilizó su caída, pero sigue sin encontrar un motor de reactivación. La debilidad de la demanda interna vuelve a aparecer como el principal límite.

