Xiong’an opera una planta subterránea que transforma residuos en energía eléctrica y calefacción
En la Nueva Área de Xiong’an, a un par de horas de Beijing, una instalación de tratamiento de basura combina un parque en superficie con infraestructura subterránea y un proceso que incluye fermentación e incineración para convertir residuos en energía, en un esquema de reutilización de aguas, gases y subproductos

La Nueva Área de Xiong’an, una localidad ubicada a un par de horas de Beijing, cuenta con una planta de tratamiento de residuos que apunta a erradicar la basura mediante su conversión en energía eléctrica y calefacción. La instalación propone un esquema de eliminación completa y reutilización de subproductos, con un diseño que separa la experiencia en superficie de la operación industrial, concentrada bajo tierra.
El proyecto se apoya en una decisión arquitectónica y operativa: evitar la imagen típica de una planta industrial a la vista. En la superficie, el acceso se integra a un “vasto parque con lagos, bosques y pastizales”. Debajo de ese entorno, se despliegan “amplias instalaciones subterráneas con tecnología líder en el campo”, con el objetivo de operar “sin rastro de olores ni contaminantes”.
El recorrido por la planta permite observar una secuencia de etapas que organiza el tratamiento de los residuos desde el ingreso hasta su aprovechamiento energético. El circuito comienza con la entrada de los camiones por canales especiales. A partir de allí, continúa con la descarga y el depósito de la basura, para avanzar luego hacia instancias de fermentación e incineración.
En el tramo final del proceso, el tratamiento se orienta a la transformación del residuo en recursos útiles para la ciudad. La basura se convierte en energía eléctrica y calefacción, en línea con la lógica de que el descarte pueda alimentar nuevos usos dentro del sistema urbano.
La operación se presenta como un “sistema integral de eliminación completa” que incorpora prácticas de recuperación y reutilización. En ese esquema, “las aguas y los gases residuales se reutilizan”, y también se recupera “lo que queda tras la incineración”. La planta incluye, además, el aprovechamiento de un subproducto específico del flujo de residuos: “la grasa de los desechos de cocina encuentra un uso”.
La idea que sintetiza el enfoque de la instalación aparece expresada en una frase que acompaña la experiencia del recorrido: “los desperdicios son tesoros”. En la narrativa del proyecto, esa consigna busca ilustrar cómo, en una “ciudad verde”, la basura puede convertirse en un insumo para nuevos procesos y servicios, con una infraestructura que combina tratamiento, recuperación y generación de energía.
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