Hongos del Pilar proyecta crecer a 3 millones de kilos anuales hacia 2030

Con una planta de 13.500 m² en la provincia de Buenos Aires, la compañía especializada en champiñones blancos y portobellos alcanzó 2 millones de kilos en 2024, en un mercado donde el consumo de estas variedades crece cerca de 6% anual por cambios en los hábitos alimentarios

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El consumo de champignones y portobellos crece a un ritmo cercano al 6% anual, impulsado por nuevas formas de comer: menos procesado, más vegetal, más consciente y con foco en el origen de los alimentos. En ese escenario, Hongos del Pilar se apoya en una operación dedicada exclusivamente a estas variedades y plantea un objetivo de expansión productiva hacia 2030.

Durante siglos, los hongos fueron confundidos con vegetales. Sin embargo, no son plantas ni animales: pertenecen a un reino propio, el Reino Fungi. No tienen raíces, hojas ni flores; no hacen fotosíntesis, no contienen clorofila y no producen semillas. Ese encuadre biológico convive con un cambio en su lugar dentro de la cocina contemporánea, donde dejaron de ser un ingrediente asociado a consumos puntuales.

En términos de funcionamiento, en lugar de raíces los hongos desarrollan hifas: filamentos microscópicos que forman el micelio, una red subterránea capaz de absorber nutrientes y reciclar materia orgánica. Aunque esa estructura es invisible al ojo humano, se considera esencial para el equilibrio de los ecosistemas. Esa característica también explica por qué se los ubica como aliados estratégicos de sistemas productivos más eficientes y de bajo impacto ambiental.

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En la gastronomía actual, el interés se sostiene en atributos de uso y consumo. El protagonismo se vincula con su sabor profundo, su textura y su versatilidad, además de su perfil nutricional. En ese marco, el crecimiento del consumo de champignones y portobellos se asocia a preferencias por opciones menos procesadas y con mayor foco en el origen de los alimentos.

Hongos del Pilar se dedica de manera exclusiva al cultivo de champiñones blancos y portobellos. La empresa fue fundada en 1982 y opera una planta de 13.500 m² ubicada en la provincia de Buenos Aires. En 2024 alcanzó una producción de 2 millones de kilos anuales y proyecta llegar a los 3 millones para 2030, como parte de un plan de crecimiento sostenido.

“Lo que cultivamos no es solo un alimento, es una forma de pensar el futuro”, dijo Marcos Calderón, gerente general de Hongos del Pilar. “Los hongos permiten producir más con menos recursos y repensar la alimentación desde una lógica más eficiente y consciente”, agregó.

La discusión sobre el carácter “verde” de estos productos también aparece en la conversación pública. Que los hongos no sean plantas no los hace menos verdes: su cultivo requiere menos agua, menos tierra y genera una menor huella de carbono que muchas otras producciones alimentarias. Bajo esa lógica, el plan de aumento de volumen hacia 2030 se inscribe en un mercado que amplía demanda y busca trazabilidad en los alimentos.

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