ESG para empresarios que no tienen tiempo que perder
Paula Cortijo, abogada especializada en compliance, ética corporativa y gestión de riesgos en cadenas de valor. Founder y CEO, Transparencia Latam

Cada vez que en una reunión aparece la palabra “sustentabilidad”, muchos empresarios sienten que la conversación se aleja del negocio. Algunos piensan en árboles, otros en reportes largos, otros en campañas de marketing verde y otros, directamente, en una carga más.
Durante años se habló de sustentabilidad de manera demasiado abstracta, aspiracional y, muchas veces, desconectada de la realidad diaria de una empresa. Este panorama cambió.
Hoy, sustentabilidad y ESG dejaron de ser sinónimo de reputación para abarcar todo lo referido a clientes, bancos, proveedores, licitaciones, certificaciones, acceso a mercados, riesgos legales, continuidad operativa y competitividad —en definitiva, sobre el negocio.
Primero, de qué estamos hablando
Sustentabilidad no significa “ser verde”. Tampoco hacer donaciones, plantar árboles o publicar un informe con fotos lindas. Una empresa sustentable es aquella que puede crear valor en el tiempo sin destruir las condiciones que necesita para seguir operando: sus recursos naturales, su gente, su reputación,
sus vínculos con la comunidad, sus proveedores, sus clientes y su licencia social para funcionar.
Dicho más simple: una empresa sustentable no es la que mejor comunica sus buenas intenciones. Es la que mejor entiende y gestiona sus riesgos.
ESG es otra cosa, aunque está conectado. Es una sigla en inglés que ordena tres dimensiones: ambiental, social y gobernanza. La "E" mira temas ambientales: energía, agua, residuos, emisiones, contaminación, biodiversidad, uso de recursos naturales y cambio climático. La "S" tiene en
cuenta temas sociales: condiciones laborales, seguridad, derechos humanos, diversidad, relación con comunidades, trato a trabajadores y vínculo con proveedores. La “G” incluye gobernanza: ética, transparencia, controles internos, directorio, conflictos de interés, anticorrupción, canal de denuncias, gestión de riesgos y toma de decisiones.
Llevado a la práctica, ESG es una forma de preguntarse si una empresa está bien gestionada; si sabe dónde están sus riesgos, si tiene controles, si conoce a sus proveedores, si puede demostrar lo que dice.
Por qué esto ya llegó a su empresa ESG no llega como conversación conceptual. Llega como un formulario, un requisito comercial, una pregunta del banco, una condición de licitación o un pedido de información de un cliente grande que necesita cuidar su propia cadena de valor.
En cuanto a los clientes, ya están solicitando datos sobre gestión ambiental, condiciones laborales, integridad, anticorrupción y proveedores críticos. Los bancos ya incorporan riesgos ambientales, sociales y de gobernanza en sus análisis de crédito. Y las multinacionales ya exigen evidencia para mantener
proveedores dentro de sus cadenas de suministro.
La pregunta, entonces, es netamente de negocio: ¿mi empresa puede responder? Porque una cosa es decir "hacemos las cosas bien" y otra muy distinta es poder demostrarlo.
Ese es el gran cambio. Durante mucho tiempo, las empresas sostuvieron discursos generales sobre compromiso, valores o responsabilidad. Hoy el mercado pide evidencia: las políticas deben poder mostrarse en su implementación, los compromisos ambientales deben respaldarse con datos, y
los proveedores deben conocerse, evaluarse y acompañarse en su mejora.
La OCDE publicó recientemente los resultados de su Encuesta 2025 sobre Conducta Empresarial Responsable en América Latina y el Caribe, con respuestas de 526 empresas de 26 países y 13 sectores. El diagnóstico arroja que muchas empresas de la región ya incorporaron políticas vinculadas a sostenibilidad, pero persisten brechas importantes en monitoreo, transparencia y gestión de la
cadena de valor. Es decir, hay más compromiso formal que capacidad real de demostrar gestión —y esa brecha es exactamente lo que el mercado, los bancos y los clientes grandes ya están midiendo.
El marco regulatorio se mueve en una sola dirección Los estándares internacionales y las regulaciones locales avanzan en el mismo sentido. Las normas IFRS S1 y S2 buscan que las empresas informen riesgos y oportunidades de sostenibilidad con impacto financiero. En Europa, las normas de reporte y debida diligencia corporativa —aún en proceso de ajuste— mantienen el mismo mensaje de fondo: las empresas deben conocer mejor sus impactos, sus riesgos y sus cadenas de valor.
En Argentina, la Comisión Nacional de Valores aprobó la Resolución General 1115/2026, que incorpora información de sostenibilidad dentro de la memoria anual de las emisoras bajo oferta pública. La sostenibilidad deja de estar en un documento separado para integrarse en la información formal que una empresa presenta al mercado. Y la nueva ISO 14001:2026 —publicada en abril de este año— también eleva la vara: la gestión ambiental debe mostrar desempeño, resultados y mejora continua, no sólo documentación.
El mensaje es consistente: más información, más trazabilidad, más evidencia.
Por dónde empezar
La clave no es hacer todo de golpe, sino empezar bien.
Primero, entender los riesgos relevantes del negocio. Segundo, ordenar la gobernanza básica: políticas, responsables, controles, registros, canal de denuncias, procesos de compras y criterios para contratar terceros. Tercero, medir datos relevantes de acuerdo a los riesgos previamente detectados. Cuarto, mirar
la cadena de valor: conocer los proveedores, evaluarlos y ayudarlos a mejorar. La sostenibilidad real se construye desarrollando capacidades, no expulsando al más débil. Quinto, guardar evidencia, porque lo que vale es la trazabilidad.
No es una agenda aspiracional. Es una agenda de gestión.
El empresario no necesita enamorarse de la palabra ESG. Pero sí necesita saber que detrás de esa sigla hay preguntas que el mercado ya está haciendo —y que quien no pueda responderlas enfrenta hoy una desventaja competitiva real.
Artículos relacionados

FinDev Canada y DEG invierten US$ 100 millones en bonos verdes de MSU Green Energy
La operación se enmarca en una emisión total por US$ 530 millones, con un tramo inicial de US$ 400 millones en junio de 2026 y una ampliación por US$ 130 millones, y apunta a financiar nueva capacidad solar y almacenamiento en baterías en Argentina en un contexto de transición energética

Gol y Avianca activaron un puente aéreo con 40 toneladas al Eje Cafetero
La operación conjunta entre las aerolíneas del Grupo Abra se realizó el sábado 17 de agosto de 2026 con dos vuelos cargueros entre Bogotá y el Aeropuerto Internacional El Edén, en Armenia, e incluyó alimentos, agua e insumos médicos para atender la emergencia en Colombia

CATL certificó 20 plantas como neutras en carbono y proyecta cadena 2035
La compañía alcanzó en 2025 la neutralidad de carbono en sus operaciones principales, con 20 plantas de baterías certificadas, y presentó en Ningde un plan para extender ese objetivo a toda su cadena de valor hacia 2035, con nuevas exigencias de datos de huella de carbono para proveedores desde 2027

