El costo invisible de la era digital: energía, agua y desigualdad en un mundo hiperconectado
Los centros de datos ya consumen hasta el 1,5% de la electricidad global y más de 2.600 millones de personas siguen desconectadas. La transición digital plantea un doble desafío: sostenibilidad —ambiental, social y económica— y de inclusión digital.

En el marco del Día Internacional de la Tierra, el avance acelerado de la digitalización abre una pregunta cada vez más urgente: cómo sostener el crecimiento tecnológico sin comprometer los recursos del planeta, ampliar las brechas sociales ni desatender su viabilidad económica en el largo plazo.
La expansión de la inteligencia artificial, el streaming y los servicios en la nube redefine la vida cotidiana, pero también incrementa la presión sobre los recursos. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), los centros de datos y las redes de transmisión representan entre el 1% y el 1,5% del consumo eléctrico global con una demanda en crecimiento sostenido.
El desarrollo tecnológico, frecuentemente asociado a eficiencia y progreso, también requiere una infraestructura intensiva en energía, agua y materiales. El uso de sistemas de refrigeración en centros de datos, la extracción de minerales críticos y la generación de residuos electrónicos —que ya superan los 60 millones de toneladas anuales— forman parte de una dimensión menos visible de la transformación digital.
Aun así, las tecnologías digitales también ofrecen oportunidades concretas. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) destaca su potencial para optimizar el uso de recursos, reducir emisiones y mejorar la toma de decisiones en políticas públicas.
“El desafío no pasa por desacelerar la innovación, sino por orientarla. Necesitamos que la transformación digital incorpore criterios de sostenibilidad desde el diseño y que esté acompañada por políticas que aseguren acceso equitativo”, señala Marcelo Corti, director ejecutivo del Centro de Desarrollo Sustentable GEO.
El impacto también tiene una dimensión social. La digitalización plantea tensiones relevantes: actualmente, cerca de 2.600 millones de personas —casi un tercio de la población mundial— no tienen acceso a internet. Esta brecha limita oportunidades de educación, empleo y acceso a servicios, y tiende a profundizar desigualdades estructurales.
En contextos de mayor vulnerabilidad, la falta de conectividad, infraestructura y alfabetización digital restringe el desarrollo individual y colectivo, afectando especialmente a economías locales y territorios periféricos.
Frente a este escenario, avanzar hacia una digitalización sostenible implica integrar eficiencia tecnológica con criterios ambientales, sociales y económicos. Organizaciones como CIPPEC destacan la necesidad de políticas públicas activas, inversiones en infraestructura eficiente y estrategias que reduzcan las brechas de acceso.
En Argentina, el tema comienza a ganar relevancia en paralelo al crecimiento de los servicios digitales. La oportunidad radica en acompañar esta expansión con energías renovables, modelos de infraestructura más eficientes y políticas que promuevan inclusión, desarrollo y sostenibilidad en el tiempo.
Al mismo tiempo, la digitalización puede convertirse en una aliada clave para enfrentar desafíos ambientales, desde el monitoreo climático hasta la optimización energética en distintas industrias.
En este Día de la Tierra, el eje ya no es solo cuánto crece la tecnología, sino bajo qué condiciones lo hace y con qué impacto.
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