jueves, 5 de febrero de 2026

Cinco tendencias que están redefiniendo la RSE y la sustentabilidad para 2026

Por Julián D’Angelo, Director del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social (FCE-UBA)

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De cara a este 2026, pueden destacarse cinco tendencias clave que muestran cómo las empresas están ajustando sus estrategias y programas en responsabilidad social empresaria y sostenibilidad.

  1. Economía circular: eficiencia antes que relato.

La economía circular, que se propone repensar los procesos productivos en todas las fases de su ciclo, desde el diseño hasta la gestión de residuos, ha dejado de ser una consigna aspiracional para convertirse en una herramienta de gestión, que opera también como una respuesta directa a la necesidad de bajar costos y ganar competitividad.

Experiencias recientes en distintos sectores muestran que la incorporación de prácticas circulares puede reducir entre un 15% y un 25% los costos asociados al uso de materiales y energía.

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El cambio hacia modelos de economía circular abre nuevas oportunidades de negocios novedosos en múltiples industrias y da lugar a nuevas tendencias.

  1. Tecnología e inteligencia artificial para la sostenibilidad: productividad con preguntas abiertas.

La Inteligencia Artificial está transformando prácticamente todas las áreas clave dentro de las organizaciones. Según Nature, la IA podría facilitar el cumplimiento del 79% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Puede optimizar redes eléctricas, predecir catástrofes climáticas, mejorar la eficiencia agrícola y reducir residuos industriales hasta en un 50%.

No obstante, persisten riesgos éticos y ambientales, sobre consumo energético, empleo y uso de datos, que exigen una utilización responsable de esta tecnología.

Por ello, no es suficiente con implantar una innovación tecnológica, sino que hay que evaluar también correctamente su impacto.

Por ejemplo, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA) los Centros de Datos del mundo podrían llegar a consumir el 8% del consumo eléctrico global hacia el 2030.

  1. Crisis climática: el impacto económico ya está acá.

Según la Organización Meteorológica Mundial, el 2025 es el segundo año más caluroso desde que existen registros, ubicándose la temperatura 1,42 °C por encima del promedio preindustrial.

La vuelta de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos confirmó los temores del sector climático. Estados Unidos acaba de retirarse de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y otros foros ambientales multilaterales.

Para las empresas, el mensaje fue contundente: la acción climática ya no puede depender de un solo actor global.

El cambio climático dejó de ser un tema ambiental y pasó a ser un riesgo económico concreto.

Hoy, las compañías que integren la acción climática en su estrategia de negocios no solo estarán ayudando al planeta, sino también asegurando su propia supervivencia en la economía del futuro.

  1. Dimensión social: empleo, diversidad, equidad e inclusión.

La diversidad, equidad e inclusión (DEI) se han posicionado de manera creciente en la agenda de la RSE, dejando de ser un tema accesorio para convertirse en un eje central de la gestión.

Estudios de la consultora McKinsey demuestran que las empresas inclusivas tienen 1,7 veces más probabilidades de ser innovadoras y se encuentran 1,8 veces mejor preparadas para afrontar los cambios

Las empresas líderes en diversidad superan a las que se encuentran en la parte inferior en un notable 36% de rentabilidad. Las ganancias se extienden aún más, demostrando que las organizaciones diversas obtienen un 19% más de ingresos gracias a la innovación.

No obstante, los avances logrados no están asegurados.

Los sistemas que protegen los derechos siguen siendo frágiles. Las iniciativas DEI afrontaron una creciente resistencia en los últimos meses en los Estados Unidos, y comenzaron a revertirse.

Hace un año, Donald Trump firmó una orden ejecutiva exigiendo la eliminación de las políticas y programas DEI en las agencias federales y contratistas, y alentó al sector privado a hacer lo mismo.

Para los movimiento anti DEI estadounidense, las políticas de compromiso con la equidad son un activismo superficial y coercitivo, montado sobre una corrección política exagerada.

Pero, contrariamente a estos planteos, la diversidad no es una construcción política, es una realidad que está presente en la sociedad. Pretender que esta diversidad esté presente también hacia el interior de las compañías y en las áreas responsables de la toma de decisiones, no es una proclama política, es una ventaja competitiva. Intentar impedir la diversidad en las empresas es la verdadera intervención de la política en las decisiones corporativas.

Pero estos recortes en los programas DEI tuvieron también sus impactos negativos. En una encuesta, dos de cada tres líderes empresariales norteamericanos afirmaron que su empresa sufrió consecuencias negativas tras los recortes. Por ello, uno de cada tres líderes empresariales en dicho estudio, dice que está restableciendo sus programas DEI.

  1. Consumo responsable: más exigencias y menos indulgencia.

La creciente sensibilidad social y ambiental está modificando la manera en que los consumidores priorizan determinados productos y marcas. Para analizar con profundidad estos cambios en Argentina, desde el CENARSECS realizamos a fines de 2025 una “Encuesta Nacional sobre Consumo Responsable, Hábitos Sustentables y Capital Social”.

Entre otros datos, este relevamiento nos mostró que, al momento de elegir sus compras de alimentos y bebidas, el 56% de los consumidores (más de uno de cada dos consumidores) considerará, al menos alguna, las condiciones sociales o ambientales del producto o la responsabilidad social de la empresa fabricante, al mismo tiempo que está dispuesto a pagar un costo extra por esa decisión, y con el adicional de que ya cuenta efectivamente con antecedentes reales en el pasado, de haber optado por productos orgánicos o sustentables, aunque eso le haya costado más caro que un producto convencional.

También la demanda por información clara y accesible se ha consolidado como un rasgo estructural del comportamiento de consumo en Argentina. Estas actitudes evidencian una sociedad que prioriza la transparencia y la coherencia, exigiendo confianza por parte de las empresas y reguladores.

En este contexto, el consumo responsable ha dejado de ser una alternativa marginal o aspiracional para convertirse en un criterio central al momento de decidir compras

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