domingo, 22 de febrero de 2026

Trump empieza a encontrar límites en las instituciones de EEUU

El fallo 6–3 recorta el margen de la Casa Blanca para imponer gravámenes amplios por vía de emergencia y reabre la incertidumbre sobre la política comercial, en un año que ya tiene a Washington mirando las elecciones legislativas de noviembre.

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La Corte Suprema de Estados Unidos anuló los aranceles “recíprocos” d Trump al considerar que la ley de poderes económicos de emergencia (IEEPA, por sus siglas en inglés) no habilita al Presidente a fijar gravámenes generalizados en tiempos de paz. La decisión, adoptada por seis votos contra tres, introduce un límite institucional a una de las piezas centrales de la estrategia económica de la Casa Blanca y deja abierta la puerta a reclamos de reembolsos por parte de empresas importadoras. 

El episodio ocurre en un contexto político más estrecho para el oficialismo: la percepción pública sobre la gestión se deterioró durante el último año y el propio electorado republicano exhibe señales de fatiga. Un relevamiento de Pew Research Center ubicó la aprobación de Trump en 37% a fines de enero, con caídas en respaldo a su agenda y en indicadores de confianza sobre atributos clave del liderazgo presidencial. 

Un revés judicial con impacto político

La lectura inmediata es jurídica: el tribunal sostuvo que el Congreso conserva la potestad central en materia de aranceles y que, para medidas económicas de gran escala, se requiere una autorización legislativa clara. En la práctica, el fallo no elimina la política arancelaria, pero obliga a la Casa Blanca a buscar otros instrumentos legales y, sobre todo, a negociar. 

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La lectura política es menos lineal y más relevante para el calendario: la sentencia llega a menos de nueve meses de las elecciones de medio término, previstas para el 3 de noviembre de 2026, cuando se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y parte del Senado. En ese escenario, cada derrota en tribunales acelera la discusión sobre la gobernabilidad en la segunda mitad del mandato. 

El incentivo de la oposición también cambia. Con encuestas adversas y una agenda económica bajo revisión, aumenta la probabilidad de que la Cámara —si pasa a manos demócratas o si el margen republicano se reduce— utilice herramientas de control, investigación y bloqueo legislativo. Ese es el mecanismo clásico que vuelve operativo el rótulo de presidente lame duck: conserva el cargo, pero pierde capacidad de fijar prioridades. 

La economía como terreno de disputa

En el plano económico, el fallo introduce un doble efecto. Por un lado, reduce la previsibilidad de corto plazo para compañías que adaptaron precios, contratos y cadenas de suministro a un esquema de gravámenes agresivo. Por otro, abre un período de reconfiguración normativa, porque la Casa Blanca anticipó que explorará otras vías legales para sostener su estrategia comercial. 

Para los mercados, el punto no es solo el nivel de aranceles sino la estabilidad del marco de decisiones. Cuando la política comercial depende de decretos y emergencias, la prima de riesgo sube: se encarecen coberturas, se frenan inversiones intensivas en importaciones y se multiplican litigios. La sentencia, en este sentido, funciona como un recordatorio del peso de los contrapesos institucionales en la economía estadounidense. 

La Casa Blanca conserva, sin embargo, instrumentos alternativos (secciones específicas de la legislación comercial, medidas sectoriales, investigaciones por dumping). El resultado probable es una transición hacia un enfoque más focalizado, con mayor costo político por cada paso: negociar con el Congreso o justificar cada medida ante tribunales. 

Del fallo a la condición de lame duck

En noviembre de 2025, Mercado ya había planteado un escenario de debilitamiento anticipado, asociado a derrotas electorales republicanas, fracturas internas y desgaste del estilo Trump. Ese análisis describió el riesgo de un lame duck prematuro, con impactos que exceden a Washington y alcanzan al tablero global. 

El fallo de la Corte Suprema se inserta en esa secuencia: no es un hecho aislado, sino una señal adicional de límites institucionales a una agenda ejecutiva que buscó maximizar discrecionalidad. La decisión también tensiona la coalición oficialista, porque combina dos problemas: reduce el margen de maniobra y obliga a repartir costos entre Congreso, tribunales y sectores empresariales afectados.

La impopularidad actúa como acelerador. Cuando una presidencia entra a su segundo bienio con aprobación baja, cualquier contratiempo se transforma en argumento electoral: para la oposición, confirma un diagnóstico; para el oficialismo, exige cerrar filas. En ese marco, la política comercial —por su efecto directo en precios, empleo industrial y relaciones externas— se convierte en un campo de disputa privilegiado. 

Qué mirar hacia noviembre

Tres variables concentran la atención de los próximos meses. La primera es la respuesta normativa de la Casa Blanca: si insiste con un esquema generalizado por otras vías, o si migra a aranceles sectoriales con menor exposición judicial. La segunda es la reacción empresarial: la presión por reembolsos y por previsibilidad puede trasladarse al Capitolio. 

La tercera es el termómetro político: si los indicadores de aprobación y confianza continúan en descenso, el incentivo de legisladores republicanos a diferenciarse puede crecer, sobre todo en distritos competitivos. Ese movimiento, más que un cambio abrupto, suele expresarse en microdecisiones: votos cruzados, negociaciones parciales, y una Casa Blanca con menor disciplina partidaria.

El fallo, en suma, no define el resultado de las elecciones de medio término. Pero redefine el terreno: recorta unilateralismo, eleva el costo de la política económica y refuerza un dato que Mercado ya venía siguiendo: el riesgo de que Trump ingrese antes de tiempo en la fase política del lame duck. 

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