La negociación entre la Unión Europea y el Mercosur ingresó en una semana decisiva, pero no por la letra del tratado sino por su viabilidad política. Francia volvió a encabezar el rechazo en nombre de su sector agropecuario y pidió postergar el tratamiento, en un clima de movilización de productores en Bruselas y con el Gobierno francés bajo presión interna.
En paralelo, el Parlamento Europeo aprobó una “cláusula de salvaguarda” para suspender preferencias arancelarias en productos agropecuarios sensibles si las importaciones dañan a productores europeos. La definición del umbral —cuándo se activa el mecanismo— pasó a ser un punto central de la discusión.
Una firma condicionada por la política interna europea
El acuerdo, negociado durante más de 25 años, quedó atrapado en una combinación de tiempos institucionales y sensibilidad electoral. En Bruselas, líderes europeos evalúan la posibilidad de habilitar la firma en Brasil, pero necesitan evitar que una coalición de países reticentes bloquee la decisión.
Italia se sumó a la incertidumbre. La primera ministra Giorgia Meloni sostuvo que avanzar “en los próximos días” sería “prematuro” sin un paquete de medidas de protección para su agricultura. Esa posición, sin ser un rechazo definitivo, incrementa la capacidad de Francia de reunir aliados para frenar el proceso.
Del lado sudamericano, la presión también creció. Según informó Financial Times, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva advirtió que podría retirarse del entendimiento si no se firma en esta semana, bajo el argumento de que nuevas exigencias europeas operan como proteccionismo de último minuto.
Salvaguardas: del 10% al 8% y un eje de reciprocidad
En el corazón del debate aparece un instrumento técnico con impacto político: la cláusula que habilita a la Unión Europea a suspender preferencias arancelarias para productos “sensibles” —entre ellos, carne bovina y aviar— si se verifica daño al mercado interno. El Parlamento Europeo aprobó una posición que baja el umbral de activación a un promedio de 5% de aumento de importaciones en tres años (frente al 10% anual que proponía la Comisión) y acorta los plazos de investigación.
La negociación interinstitucional terminó por acercar posiciones. Reuters informó que la Unión Europea alcanzó un acuerdo provisorio para fijar un gatillo del 8% y sumar una declaración para reforzar controles e inspecciones —incluso en países del Mercosur— en materia de estándares productivos, pesticidas y sanidad animal.
Además, el Parlamento incorporó un mecanismo de “reciprocidad”: si hay evidencia creíble de que importaciones con preferencias no cumplen requisitos equivalentes en ambiente, bienestar animal, salud y seguridad alimentaria o protección laboral, la Comisión debería iniciar una investigación y adoptar medidas.
Ganadería bajo presión: cuotas, costos y una crisis sanitaria
La oposición francesa se apoya en un argumento económico y otro regulatorio. En el plano comercial, el sector rechaza que el acuerdo habilite cuotas y reducciones arancelarias en rubros donde compite con Sudamérica. En la cobertura de Pleinchamp se mencionan volúmenes discutidos como 99.000 toneladas de carne bovina, además de contingentes para azúcar y etanol, entre otros productos.
El contexto sanitario terminó de endurecer posiciones. La dermatose nodulaire contagieuse (DNC), una enfermedad viral que afecta a bovinos y no es transmisible a humanos, fue detectada por primera vez en Francia el 29 de junio de 2025. Entre esa fecha y el 14 de diciembre, el Ministerio de Agricultura francés reportó 113 focos en distintos departamentos, con un esquema de “despoblamiento total” de los rodeos donde se confirma la enfermedad y vacunación obligatoria y masiva en zonas reguladas.
El mismo parte oficial detalla medidas nacionales temporarias —como prohibir reuniones festivas de bovinos, acelerar notificaciones de movimientos y exigir desinsectización de transportes en movimientos comerciales fuera de Francia— y describe zonas de vigilancia (50 km) y de protección (20 km) alrededor de cada foco.
En ese clima, la discusión del Mercosur se vuelve, para el agro francés, un capítulo adicional de un problema más amplio: precios, competencia importada y cumplimiento de estándares, con la sanidad animal como tema de alta sensibilidad pública.
Qué mira el Mercosur: acceso, controles y tiempos
El acuerdo promete una reducción significativa de aranceles en bienes industriales y agroalimentarios, pero su implementación depende de una secuencia política compleja: firma, ratificación y reglamentación de instrumentos complementarios como salvaguardas y controles.
Para Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el punto crítico no es solo la cuota, sino el “riesgo de reversibilidad”: aun con preferencias, el acceso puede suspenderse si se activan gatillos por volumen o caída de precios, o si prosperan objeciones por equivalencia regulatoria. La arquitectura que se está definiendo en Bruselas apunta, precisamente, a ofrecerle a países como Francia una herramienta de intervención rápida frente a eventuales impactos en el mercado interno.
En un contexto internacional de tensiones comerciales, Bruselas también argumenta que el pacto amplía mercados para exportadores europeos. Al Jazeera señaló que hoy Mercosur aplica aranceles de hasta 35% a autos europeos y que el acuerdo reduciría barreras en ambos sentidos, aunque las cuotas agrícolas siguen siendo el componente más sensible.
La conclusión práctica es que el acuerdo UE-Mercosur dejó de ser solo una negociación comercial: pasó a ser un test de gobernabilidad europea, donde el agro francés y la política interna de varios países determinan el ritmo y la forma de cualquier apertura.












