viernes, 20 de febrero de 2026

Europa avanza hacia una arquitectura de seguridad propia

La reunión de Múnich expuso un giro: mayor coordinación militar, debate sobre disuasión nuclear europea y un esfuerzo por reducir dependencias estratégicas. El telón de fondo incluyó protestas masivas por Irán y señales de endurecimiento del entorno geopolítico.

spot_img

La Conferencia de Seguridad de Múnich volvió a funcionar como termómetro de una época: cuando el diagnóstico se repite año tras año, deja de ser advertencia y empieza a ser programa. Esta vez, la palabra que sobrevoló los pasillos fue “autonomía”, no como consigna, sino como necesidad operativa. Los gobiernos europeos, atravesados por la prolongación de la guerra en Ucrania y por una agenda global más friccionada, ensayaron una idea que hasta hace poco parecía impronunciable: construir una arquitectura de seguridad más propia.

En paralelo, las calles de Múnich ofrecieron otra escena. Más de 200.000 personas se movilizaron en apoyo al pueblo iraní, en sintonía con manifestaciones en otras ciudades alemanas. La política internacional se coló, literalmente, en la puerta del evento: el reclamo por derechos y libertades convivió con el debate sobre misiles, presupuestos y alianzas. 

Del reflejo atlántico a la coordinación europea

El mensaje central fue que Europa busca pasar de la coordinación declarativa a la coordinación efectiva. La discusión ya no se limitó a “gastar más” en defensa, sino a gastar mejor: capacidades compartidas, compras conjuntas, interoperabilidad y una industria europea más integrada. En ese marco, el eje dejó de ser solamente la OTAN como paraguas automático y volvió a plantearse la pregunta por la musculatura europea dentro de esa alianza.

Publicidad

En los términos que circularon en Múnich, la amenaza se define menos por un episodio puntual que por una continuidad: interferencias, presión sobre fronteras, sabotajes híbridos y una guerra que, aun lejos de algunas capitales, reordena prioridades presupuestarias y políticas. La consecuencia es un replanteo de largo aliento: la defensa como infraestructura de Estado, no como tema de coyuntura.

Disuasión y “paraguas” nuclear: la discusión que regresa

Uno de los nudos de la conferencia fue el debate sobre la disuasión nuclear europea. La idea de una eventual ampliación del paraguas francés volvió a aparecer en conversaciones y paneles, con Alemania en el centro del dilema: cómo fortalecer la disuasión sin alterar equilibrios internos ni encender nuevas controversias dentro de la alianza atlántica.

El asunto no es menor. Desde la Guerra Fría, Europa occidental construyó su seguridad bajo un doble esquema: integración económica hacia adentro y disuasión nuclear garantizada hacia afuera. Ese diseño funcionó durante décadas por una razón simple: el costo político de discutir alternativas era mayor que el beneficio. La reaparición del tema indica que ese cálculo cambió.

En Múnich, la discusión se movió entre dos impulsos. Por un lado, la necesidad de reducir vulnerabilidades; por otro, el temor a fragmentar la cohesión estratégica. La conferencia no dio una respuesta definitiva, pero sí mostró que la pregunta volvió a la mesa, y que ya no se considera tabú. 

Reino Unido, Francia y Alemania: una geometría variable

La conversación también exhibió una geometría variable de alianzas dentro de Europa. El Reino Unido, fuera de la Unión Europea, aparece como socio militar indispensable; Francia conserva el peso singular de su disuasión; Alemania, la escala industrial y presupuestaria que puede inclinar cualquier arquitectura hacia la realidad.

En ese cruce, el primer ministro británico resumió el clima con una fórmula que busca justificar el rearmado sin convertirlo en belicismo: “—No buscamos un conflicto. Nuestro objetivo es una paz duradera—”, sostuvo, y agregó que, ante amenazas, la opción es “disuadir la agresión” y estar preparados para “proteger a nuestra gente, nuestros valores y nuestra forma de vida”. 

Luego reforzó una idea que se escuchó en distintos tonos: “—Como Europa—” debe “ser más audaz”. La frase importa menos por su efecto retórico que por su implicancia política: audacia, en este contexto, significa elevar el estándar de cooperación y aceptar costos internos. La seguridad europea empieza a presentarse como política pública, no como capítulo de cancillería. 

El costo de la autonomía: industria, tecnología y presupuestos

La noción de “arquitectura propia” tiene una dimensión económica inmediata. Fortalecer capacidades implica inversión sostenida, plazos largos y una articulación entre Estados y empresas que rara vez se logra sin fricciones. En la práctica, el debate se traslada al terreno de la industria de defensa, la innovación tecnológica y la planificación fiscal.

En Múnich apareció, de manera explícita, la necesidad de que Europa refuerce su base industrial: producción de municiones, sistemas de defensa aérea, ciberseguridad, inteligencia y logística. La cuestión es si ese impulso puede convivir con restricciones presupuestarias, con reglas fiscales y con una agenda social que compite por recursos. La autonomía estratégica no se vota una vez: se financia todos los años.

Al mismo tiempo, la discusión sugiere un cambio cultural: el abandono gradual de la idea de “dividendo de la paz”, esa expectativa —muy de los años noventa— de que el gasto en defensa podía reducirse indefinidamente sin consecuencias. La guerra en el este europeo y la inestabilidad global revirtieron esa presunción.

Un mapa más amplio que Ucrania

Aunque Ucrania funcionó como referencia obligada, el horizonte fue más amplio. La conferencia incluyó, en distintos tramos, la discusión sobre regiones sensibles y sobre el tipo de competencia geopolítica que se consolida: presión sobre cadenas de suministro, infraestructura crítica, rutas comerciales y espacios de disputa tecnológica.

En ese marco, algunas intervenciones también reflejaron el impacto de debates internos de Estados Unidos y su efecto sobre la seguridad europea. El mensaje implícito fue que Europa busca reducir el riesgo de depender de decisiones ajenas cuando el contexto político se vuelve más incierto. No es un distanciamiento: es un seguro.

La escena que deja Múnich

Múnich dejó una imagen doble. Adentro, gobiernos discutiendo capacidades, disuasión y coordinación. Afuera, una movilización masiva por Irán recordando que la política internacional no se agota en la seguridad militar: también involucra valores, derechos y legitimidad.

La conferencia no produjo un anuncio único ni una hoja de ruta cerrada. Lo que mostró fue algo más importante: el desplazamiento del centro de gravedad. Europa parece asumir que la seguridad —como la moneda o la energía— es un activo estratégico que no puede delegarse por completo. Y que construir una arquitectura propia es, sobre todo, aceptar que el mundo cambió y que la respuesta será necesariamente europea. 

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

CONTENIDO RELACIONADO