El costo de la geopolítica: por qué el gobierno de Milei frenó el radiotelescopio argentino-chino
El razonamiento detrás de las advertencias sobre "seguridad hemisférica", promovidas por Estados Unidos, se apoya más en la rivalidad geopolítica con China que en un análisis científico real, lo que trae consecuencias para los emprendimientos científicos conjuntos.

La decisión del gobierno de
Javier Milei
de no renovar el convenio para la instalación del
Radiotelescopio Argentino-Chino (CART)
en el paraje El Leoncito, provincia de
San Juan
, ha generado un fuerte debate que trasciende lo meramente científico para ingresar de lleno en el tablero geopolítico. El proyecto, fruto de más de tres décadas de cooperación entre la
Universidad Nacional de San Juan (UNSJ)
, el
CONICET
y la
Academia China de Ciencias (CAS)
, representaba una inversión estimada de
US$ 350 millones
y una oportunidad estratégica para la inserción de
Argentina
en la radioastronomía global.
La cancelación y el “uso dual”
El ejecutivo justificó la abrupta cancelación, según el portal espaciotech.net, alegando posibles usos duales de la antena (científicos y militares) y supuestos riesgos para la soberanía nacional. Sin embargo, este argumento es puesto en duda por la comunidad científica y técnica. La UNSJ calificó la medida como “una noticia muy triste para toda la ciencia del mundo”.
- Sin sustento técnico: expertos señalan que un radiotelescopio de 40 metros de diámetro, diseñado para captar señales de radio de fuentes astronómicas distantes, carece de capacidad de vigilancia militar o de operar como radar activo. Su función es la observación del espacio profundo, no el rastreo de objetivos terrestres.
- Antecedentes desestimados: el señalamiento de “uso dual” se repite a menudo en proyectos chinos, pero la Estación de Espacio Lejano china en Neuquén, operativa desde 2018 para misiones lunares y marcianas, nunca ha demostrado uso militar o violación de acuerdos.
- Doble estándar: la Agencia Espacial Europea (ESA) opera una estación similar en Malargüe, Mendoza, sin ser objeto de las mismas sospechas, lo que sugiere que la controversia no radica en la naturaleza de la instalación sino en el origen de la inversión.
Geopolítica mata ciencia
La no renovación del acuerdo, que incluyó la detención de materiales chinos en la Aduana, se enmarca en la clara alineación de la política exterior argentina con Estados Unidos. Washington ha estado advirtiendo sobre la “expansión tecnológica” de Beijing en América Latina, y el gobierno de Milei parece haber priorizado esta narrativa.
La decisión envía una señal contundente: Argentina está privilegiando los alineamientos políticos sobre la continuidad de sus proyectos científicos. Este camino no solo afecta la cooperación con el gigante asiático, sino que daña la confianza de otros potenciales socios tecnológicos.
Soberanía mal entendida
Paradójicamente, la cancelación, presentada como una defensa de la soberanía, podría tener el efecto contrario. En un mundo donde el conocimiento científico y la tecnología son herramientas de poder, cerrar la puerta a la cooperación puede significar ceder soberanía.
El verdadero desafío no era evitar la presencia de infraestructura extranjera, sino asegurar una participación argentina equitativa: mayor tiempo de uso, transferencia tecnológica, desarrollo de capacidades locales y control conjunto de la operación. En lugar de renegociar los términos para reforzar la transparencia, el gobierno eligió la cancelación.
- Marginalización: renunciar al CART margina al país de los grandes programas internacionales de exploración espacial, donde la colaboración es la norma.
- Dependencia: al renunciar a un proyecto de esta envergadura, el país depende más del conocimiento producido por otros, debilitando la autonomía científica nacional.
La antena de El Leoncito no era una amenaza militar, era una oportunidad científica y un motor de innovación con aplicaciones en comunicaciones, geolocalización y cambio climático. Al desmantelar esta iniciativa, Argentina corre el riesgo de “mirar al cielo… desde el costado”, conformándose con ver cómo los demás países avanzan en la comprensión del universo. El costo de confundir “obediencia geopolítica” con soberanía científica puede resultar excesivamente alto para el desarrollo nacional.
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