martes, 27 de enero de 2026

El avance de la industria de defensa en el gigante sudamericano llamado Brasil.

El desarrollo tecnológico y el incremento presupuestario en el área de seguridad permiten a la nación sudamericana posicionarse como un actor de relevancia fuera de sus fronteras. Esta expansión institucional se fundamenta en la fabricación local de equipamiento y en la formación de alianzas con entidades de otros continentes.

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La estructura de defensa en Brasil atraviesa un proceso de transformación que incide en la distribución del poder a escala internacional. El país registra actualmente un aumento en su capacidad operativa mediante la integración de sistemas tecnológicos y el fortalecimiento de su producción industrial interna. Estas acciones generan observaciones por parte de las administraciones de diversas naciones que monitorean el equilibrio de fuerzas en el Atlántico Sur.

La estrategia vigente no se limita a la seguridad territorial de América del Sur. Los planes de expansión indican la intención de participar en el escenario global, lo cual introduce variaciones en las relaciones diplomáticas y militares preexistentes. Las estadísticas indican que la nación cuenta con 366.000 efectivos en activo y una reserva que alcanza los 1,3 millones de personas. A esto se suma un programa de actualización de las flotas marítimas y aéreas.

Un elemento central en esta evolución es el convenio con la empresa Saab para la fabricación de aeronaves de combate Gripen NG. Este proyecto incluye la transferencia de conocimiento técnico y la instalación de plantas de ensamblaje en suelo brasileño. Este hecho marca un precedente en la región, al ser el primer Estado latinoamericano que incorpora la producción de aviones de combate de tecnología avanzada en su tejido industrial.

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De acuerdo con las mediciones del índice Global Firepower correspondientes al año 2025, Brasil se sitúa en la undécima posición del escalafón mundial y lidera el contexto regional, con una diferencia cuantitativa respecto a los sistemas de defensa de México, Argentina y Chile. El presupuesto destinado a este sector alcanza los 24.000 millones de dólares anuales, con una previsión de incremento del 6% hacia el año 2026.

En el ámbito naval, se destaca el Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB), realizado en colaboración con Francia. Este proyecto tiene como objetivo la construcción del primer submarino de propulsión nuclear en América Latina. Esta tecnología se encuentra restringida a un grupo reducido de países con capacidades industriales específicas.

La proyección externa de la industria local también se manifiesta en la exportación de material. El modelo de transporte militar Embraer C-390 Millennium ha sido adquirido por Estados miembros de la OTAN, entre ellos los Países Bajos y Suecia. Esta actividad comercial sitúa al país como un proveedor de insumos técnicos de alta complejidad, reduciendo la dependencia de importaciones extranjeras.

La autonomía tecnológica de la Base Industrial de Defensa (BID), que agrupa a compañías como Embraer y Avibras, permite el diseño y la manufactura de misiles y sistemas de radar. Esta soberanía productiva es un pilar de la ambición estratégica del Estado, que busca proteger áreas de importancia económica como la Amazonía y su extensa plataforma marítima.

En el plano geopolítico, las autoridades de Estados Unidos mantienen el seguimiento de este crecimiento. Aunque existe una cooperación formal entre Brasilia y Washington, la administración estadounidense analiza los vínculos del país con China y Rusia en el marco del bloque BRICS. Por su parte, el gobierno chino identifica en el territorio brasileño un punto de apoyo para su presencia en las rutas comerciales que vinculan América con el continente africano. Esta red de intereses cruzados confirma la inserción del país en la dinámica de seguridad mundial.

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