La volatilidad es el tema con el petróleo
La tentación es creer que el gran problema es la caída brutal en los precios del barril de crudo. Sin embargo, comienza a emerger otra realidad. El tema de fondo es la volatilidad de los precios. La decisión de la Opep de no reducir la producción cuando cayó la demanda, implicó que todo el mundo entrara a navegar en aguas desconocidas.
El precio cayó en 50% de su nivel de junio pasado, hasta tocar los US$ 45 el barril. Hubo algunos tímidos repuntes, pero volver a un nivel de US$ 100 parece inimaginable. El principal actor del cartel petrolero (Arabia Saudita) se mantiene firme: no reducirá su producción ni aunque llegue a US$ 20 el barril de crudo.
Las consecuencias de la incertidumbre comienzan a vislumbrarse. Ha comenzado un activo ciclo de adquisiciones y fusiones. La operación más importante en una década se acaba de concretar: Shell se quedó con British Gas a un precio de 55 mil millones de libras esterlinas.
Grandes consumidores, como Europa, Estados Unidos y China tienen inmejorables ventajas en la nueva situación. Incluso los habitantes de esas regiones pagan ahora mucho menos por la energía doméstica que consumen.
Pero los grandes productores lo están pasando muy mal. Rusia y Venezuela, Irán e Irak ven reducidos sus ingresos de modo muy importante. La producción de esquistos betuminosos o arenas petroleras, en Canadá, ha presenciado una oleada de despidos y parálisis de inversiones.
La percepción entre los grandes actores de la industria, es que hay que estar preparados para varios años de bajos precios. Ya no es más el peak oil (el momento en que comenzaría a declinar de modo irreversible la producción). Ahora, con la irrupción del shale oil y gas, lo relevante es el nivel de la producción.
La producción de shale oil en Estados Unidos continúa en ascenso a pesar de las paralizaciones en inversiones en yacimientos de alto costo. Pero las grandes compañías reducen sus presupuestos en exploración y nuevas perforaciones, por lo menos en 30%. Se calcula que la inversión en riesgo es del orden de US$ 1 billón (es decir, un millón de millones en español). La industria proveedora de servicios a las compañías petroleras son las que más rápido sufren reducciones significativas.
Se esperan nuevas adquisiciones y fusiones que en poco tiempo pueden transformar el mapa completo de la industria petrolera mundial.
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