La banca latinoamericana acelera su transformación digital y tecnológica rumbo a 2026
El sistema financiero de América Latina atraviesa un proceso de modernización en el que la diferenciación de productos, la expansión de pagos contactless y la regionalización emergen como tendencias clave, según un análisis de Pomelo.

El sector financiero latinoamericano enfrenta una etapa de modernización profunda, marcada por el avance de bancos y actores tecnológicos hacia modelos más ágiles y escalables. De acuerdo con Pomelo, la tecnología deja de ser un soporte para convertirse en el eje estratégico del negocio, en un contexto de creciente adopción de soluciones digitales por parte de los usuarios en toda la región.
La estandarización histórica de la oferta bancaria, caracterizada por productos similares y baja personalización, comienza a ceder ante la demanda de flexibilidad y eficiencia tecnológica. Las instituciones financieras buscan acelerar su agenda digital, construir experiencias propias y ampliar su presencia frente a un mercado sofisticado y en expansión regional.
Pomelo identifica cinco tendencias que definirán la industria financiera hacia 2026: diferenciación como eje central del negocio, expansión acelerada de los pagos contactless desde el celular, crecimiento de tarjetas globales basadas en stablecoins, modernización del crédito corporativo y regionalización del sistema financiero. En particular, la región pasó del uno al quince por ciento de transacciones contactless desde el celular en poco tiempo, consolidando el canal móvil como estándar para pagos cotidianos. Además, Pomelo indica que ya emite el ochenta por ciento de las tarjetas cripto de la región.
“La oportunidad para los bancos está en combinar agilidad tecnológica y escala regional para crecer en un mercado cada vez más sofisticado”, señaló Hernán Corral, CPO y Co-Founder de Pomelo. Corral también sostuvo que la región “entra en una etapa en la que la tecnología deja de ser un soporte para sopasarse en el centro de la estrategia”, y que esto representa una oportunidad histórica para modernizar la infraestructura, diferenciar productos y acompañar el crecimiento esperado hacia 2026.
La evolución del sistema financiero latinoamericano dependerá de la capacidad de las instituciones para capitalizar la tecnología y ofrecer productos competitivos adaptados a un mercado en constante transformación.
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