El mundo que nos espera está lleno de riesgos e incertidumbre
¡Ojalá pudiera estar en el año 2011 y comprar 100 bitcoins por 100€! Pues estamos en 2021 y hay todavía muchas más oportunidades que hace diez años.

Entender lo que está sucediendo tiene el potencial de cambiar su vida, y es imprescindible para ello ser riguroso, flexible, constante, disfrutar y tener la mente abierta. En definitiva: tener la actitud correcta. Y ahí es donde entra la gestión de riesgos. ¿Qué es el riesgo? El riesgo de liquidez, el riesgo de crédito, el riesgo de tipo de interés, el riesgo operativo, el riesgo de cambio, el riesgo tecnológico… y podría seguir mucho más, ya que si hay algo cierto es que la complejidad del sistema no va a parar de crecer. El riesgo, en definitiva, es la incertidumbre asociada con el futuro. Riesgo es sinónimo de oportunidad de negocio financiero, y su correcta gestión es la esencia de nuestro negocio. ¿Van a seguir existiendo los bancos dentro de diez años? Sin duda sí, pero serán totalmente diferentes a cómo eran hace una década. ¿Seguirá existiendo el sistema financiero? Por supuesto. Será también muy diferente al sistema que conocemos ahora, con la
identidad digital
y las
CBDCs
y (
el euro digital
) gobernando el sistema. Tanto la reserva federal como el BCE han multiplicado por siete la base monetaria desde el 2008, y por dos desde el inicio de la crisis de la COVID-19. No hay vuelta atrás.
Programa, que algo quedará
La importancia que tenía hablar inglés o saber contabilidad hace 20 años lo tiene ahora saber programar. No se estudia contabilidad en las escuelas de negocio para ser contable, se estudia para entender el negocio, para apoyar la toma de decisiones y para poder hablar el mismo lenguaje que hablan los contables. Con la programación sucede lo mismo. Nadie quiere que los futuros expertos en gestión de riesgos sean programadores profesionales, pero sí es indispensable que sepan gestionar la gran cantidad de información disponible, que apoyen sus decisiones con datos, que entiendan el impacto que la tecnología tiene en el negocio y que hablen el mismo idioma que hablan los programadores. ¡Todo es Internet! Y la fiesta no ha hecho más que empezar. La digitalización y la reforma de las administraciones públicas va a tender una infinidad de puentes digitales con el sistema financiero, cuya función es canalizar el ahorro de aquellas personas que tienen excedentes de recursos hacia aquellas personas que los necesitan. En este sentido,
Internet de las Cosas
(IoT) y el
5G
van a llevar esta función a un nivel de eficiencia nunca visto en la historia de la humanidad, y hay que estar preparados. Nada volverá a ser igual. Tampoco la política monetaria, el pago de impuestos, la transparencia y la información disponible. Hemos sobrepasado ya el punto de no retorno. Con los niveles de deuda sobre PIB globales ampliamente por encima del 100% no hay otra opción que transformar el sistema. En el
foro de Davos
se ha planteado abiertamente la cuestión y el G-7 está actuando en consecuencia. Y todo va a suceder a gran velocidad: el curso 2021-2022 va a ser clave, ya que convergerá la reactivación de la economía con los
fondos europeos
, la reforma del sistema bancario con la digitalización de la administración pública, y se construirán los cimientos digitales sobre los que se sostendrá la economía de las próximas décadas. Tenemos ante nosotros una enorme responsabilidad y es vital estar a la altura. Una vez superado el obstáculo de la crisis económica causada por la COVID-19 no debemos ni mucho menos confiarnos. La desigualdad social y el cambio climático son los dos siguientes riesgos a los que nos tenemos que enfrentar. Nosotros somos afortunados, podemos teletrabajar y usted está leyendo este artículo a través de Internet. Pero no todo el mundo comparte nuestra suerte. En paralelo, y con las mismas raíces, está el cambio climático. El acrónimo
ESG
(
Environmental, Social and corporate Governance
) cada vez va a tener un mayor peso en el sistema financiero. Siendo utilitaristas, están los riesgos de transición climática y los riesgos físicos climáticos, así como un mayor retorno en el medio y largo plazo. Con un enfoque más kantiano, nos estamos jugando el futuro de nuestros hijos.
(*)
Director del Máster Universitario en Gestión de Riesgos Financieros (MUGRF) en ICADE Business School, Universidad Pontificia Comillas
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