Innovattek Argentina 2026: la IA se masifica, pero el valor sigue esquivo
En Buenos Aires, la tercera edición del encuentro de Softtek puso el foco en la brecha entre adopción y resultados, con cifras globales que muestran que 88% de las empresas usa inteligencia artificial pero 95% de las iniciativas no logra impacto, un desfasaje que obliga a revisar estrategia, cultura y gobernanza

La tercera edición de Innovattek Argentina 2026 reunió en Buenos Aires a ejecutivos y especialistas para analizar por qué la inteligencia artificial (IA) ya se volvió parte de la infraestructura del negocio, pero todavía resulta difícil convertir esa adopción en resultados medibles. En ese marco, el diagnóstico combinó datos globales con discusiones sobre modelos operativos, cultura organizacional y el rol de las personas en entornos cada vez más automatizados.
La paradoja quedó sintetizada en dos cifras: el 88% de las empresas a nivel global ya utiliza IA en alguna función, pero el 95% de esas implementaciones no logra impacto real. El eje del problema no se ubicó en la disponibilidad tecnológica, sino en la manera en que las organizaciones piensan la IA, la integran a sus procesos y la gestionan para conectarla con objetivos concretos del negocio.
Gonzalo Martín, Data & AI Offering Director de Softtek, vinculó esa brecha con la dificultad de escalar iniciativas más allá de pruebas acotadas. “El problema no es implementar inteligencia artificial, sino generar valor”, dijo Gonzalo Martín, Data & AI Offering Director de Softtek. La observación apuntó a proyectos que se mantienen en fase piloto sin traducirse en cambios sostenibles en productividad, calidad de servicio o toma de decisiones.
En paralelo, se discutió un cambio de enfoque: el pasaje de modelos de asistencia —como los copilotos— hacia esquemas en los que la IA ejecuta tareas de manera autónoma. Ese paradigma, denominado IA agéntica, forma parte de la agenda de más del 50% de las empresas a nivel global. A diferencia de los modelos tradicionales, no se limita a responder consultas, sino que habilita la delegación de objetivos completos a sistemas que actúan, deciden e interactúan entre sí.
Antonio Macías, vicepresidente de servicios digitales de Softtek, planteó que esa transición modifica la forma de trabajar dentro de las organizaciones. “Ya no se trata de personas usando herramientas, sino de equipos que trabajan con agentes a los que se les delegan tareas completas”, dijo Antonio Macías, vicepresidente de servicios digitales de Softtek. Entre los efectos operativos, se mencionó que procesos antes secuenciales, como pruebas o desarrollos, pueden ejecutarse en paralelo, lo que acelera los resultados y exige repensar cómo se traduce esa velocidad en valor concreto.
Otro punto central fue el riesgo de comenzar por la herramienta y no por el problema. Martín advirtió: “El error es avanzar por FOMO. No todo se resuelve con IA; a veces, un dashboard alcanza”, dijo Gonzalo Martín, Data & AI Offering Director de Softtek. La falta de estrategia se agrava en estructuras con datos fragmentados o con una cultura interna que no acompaña, al punto de que proyectos técnicamente exitosos pueden fracasar cuando intentan escalar.
El análisis incorporó un componente cultural y de capacidades: distintos relevamientos muestran que el 82% de la población nunca utilizó IA y que menos del 1% accede a herramientas profesionales. En ese escenario, dentro de las organizaciones aparecen “embajadores” del cambio, mientras persisten barreras como la resistencia interna, el miedo al reemplazo y la falta de espacios para experimentar. También se planteó que el perfil técnico evoluciona desde la ejecución hacia la supervisión, validación y coordinación del trabajo de múltiples sistemas autónomos, lo que obliga a revisar modelos de gobernanza diseñados para procesos más lentos y lineales.
La agenda incluyó el impacto social de estos sistemas. “El algoritmo ya no es código, es un guionista invisible de la realidad”, dijo Joan Cwaik, especialista en tecnologías emergentes, al advertir sobre cómo los sistemas digitales influyen en percepciones y comportamientos. En un entorno de hiperpersonalización y sobrecarga informativa, se señaló un riesgo cognitivo asociado a delegar decisiones en sistemas orientados a confirmar ideas preexistentes.
En ese marco, el diferencial competitivo quedó planteado en términos de impacto en el negocio y control humano: la IA ya está integrada en las organizaciones, y la diferencia pasará por quién logre usarla para generar valor real sin perder supervisión sobre el sistema.
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