Después de las urnas: ¿qué hacer con los ahorros ante el nuevo escenario planteado?
Por Marcos Victorica, economista y CEO de Bas Storage

La victoria del oficialismo en las elecciones representa un espaldarazo al programa económico. Independientemente del análisis fino de los votos, el Gobierno renovó fuerzas para mantener su línea. No solo fallaron los pronósticos devaluatorios, sino que el dólar bajó. Ante este escenario, un interrogante surge entre los ahorristas: ¿cómo mitigar la depreciación de los dólares guardados?
Pasaron las elecciones de medio término, ganó el oficialismo, e incluso a partir de una lectura superficial es posible sacar una conclusión: el esquema de bandas continúa. El ministro Caputo volvió a ratificar su permanencia y los primeros indicadores tras la jornada de votación lo respaldan: el dólar bajó, los ADRs se dispararon hasta casi 50% y el riesgo país disminuyó por debajo de los 700 puntos.
Efectivamente, el mercado transmite calma y se diluyen los fantasmas devaluatorios en el corto plazo. Comprar dólares antes de una elección es un clásico argentino, cimentado por años de inestabilidad económica. Este caso no fue la excepción, y miles de ahorristas compraron divisa para resguardar sus ahorros. Sin embargo, el dólar cayó y quienes apostaron a la devaluación inmediata perdieron. De esta manera, volvió a evidenciarse otro clásico nacional: la falta de educación financiera.
Invertir es la única forma probada de maximizar los ahorros. Si bien históricamente el dólar ha sido utilizado como una herramienta de resguardo, a la larga esta estrategia se revela errónea. La inflación en EE.UU. existe, aún cuando es inmensamente menor a la que registra la Argentina. Si los dólares ahorrados no trabajan, su valor real cae. Según los datos del Bureau of Labor Statistics, el IPC estadounidense alcanzó una inflación acumulada del 36% en los últimos 10 años, lo que equivale a una pérdida de poder adquisitivo cercana al 27% para dólares guardados bajo el colchón.
Acumular dólares es prudente pero, también insuficiente. El colchón no genera rendimientos, e incluso puede provocar dolores de cabeza como el que enfrentan quienes compraron dólar en el pico de la banda. A su vez, la inversión no debe entenderse como un sinónimo de volatilidad, ni de mercado financiero. Una cartera diversificada combina seguridad y rendimientos, y ese es objetivo que deben buscar los ahorristas. Por ejemplo, quien invirtió en self-storage generó en una década más rendimientos que quien lo hizo en los bonos del Tesoro norteamericano, activo seguro por excelencia.
Ahora bien, el traspaso del ahorro a la inversión no puede reducirse a una cuestión de voluntad o conocimiento del mercado. Existen condiciones macroeconómicas que alientan las inversiones, y una de las más importantes es el acceso al crédito. Una política de crédito barato y accesible permite a los ahorristas desplegar capital inactivo, e incluso funciona como impulso multiplicador para quienes no tienen ahorros significativos.
Según el INDEC, los argentinos alcanzaron los USD 277.003 millones sin registrar al cierre del primer trimestre del año. Si queremos pensar en la revitalización de la economía es necesario volver a poner en agenda distintas estrategias posibles para ingresarlos al sistema. En definitiva, a nivel micro, fomentar las inversiones se traduce en retornos para los ahorristas; y a nivel macro, con las políticas adecuadas, puede significar un estímulo de peso para la reactivación económica.
El orden financiero y la estabilidad cambiaria representan una condición necesaria para crecer, y el electorado parece haber cerrado filas en torno a esta premisa. Sin embargo, lo necesario no siempre es suficiente y, aunque el rumbo es correcto, aún queda mucho camino por recorrer. Por lo pronto, es necesario que dirigentes y ciudadanos en general incorporen una premisa irrefutable: en Argentina, cada dólar dormido es un dólar menos.
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