Venden Bieckert, la marca cervecera más antigua del país
Se destrabó la venta de Bieckert y Palermo, exigencia para aprobar la fusión Quilmes-Brahma en Argentina. El paquete incluye una fábrica de cerveza (Luján) y una de malta (Llavallol).
Luego de tres años de pugna judicial, la Corte Suprema –instancia que no debió haber sido alcanzada- rechazó una demanda de la chilena CCU. La empresa quería participar en la subasta de ambas etiquetas y esas plantas, hasta ahora pertenecientes a Quilmes-Brahma (o sea, el grupo brasileño AmBev).
Esa venta es condición indispensable para que la comisión nacional pro Defensa de la Competencia dé luz verde a una fusión que se remonta a 2003. En números, el dúo Bieckert-Palermo representa 10% del mercado local. Pero significa una historia que cierto marketing agresivo (no trepidaba en asociar jóvenes al consumo de la bebida) consignó al olvido.
En efecto, Bieckert (“bíkert” en alemán, “biekert” en francés) es la marca industrial de cerveza más vieja del país. Fundada en 1860 por un inmigrante alsaciano –de ahí la doble pronunciación-, su fábrica en Llavallol es aún la más añosa en actividad. Bieckert fue líder por lo menos hasta los años 50 e, inclusive, mantenía un “múnich” en avenida de Mayo al 900. Por otra parte, su verdadera rival nacional era Schneider (creada en Santa Fe por otro alsaciano en 1912), que tuvo “bierhaus” propia en esa ciudad.
Ambas competían en calidad con dos uruguayas (Norteña, Patricia). Todas eran tipo Pilsen y, hasta un malhadado decreto promulgado hace más de cincuenta años, las argentinas no se pasteurizaban en caliente. Dato al margen: hasta fines de los años 60, la Brahma brasileña era una cerveza mucho más liviana y transparente que la actual. Bieckert intentó copiarla con su marca “Llavallol”, también por entonces.
El eventual adquirente también dispondrá de una opción: tomar Norte, una marca salteña fuerte en el noroeste y aprovechar la amplia red distribuidora de Quilmes. Una condición adicional es que, local o extranjera, la compradora tenga ya presencia en el país. Por no hacer lo mismo, hoy una marca otrora prestigiosa en Uruguay (Norteña) cayó en manos de operadores ajenos a esa plaza y hoy sólo queda Patricia como cerveza tradicional.
Por supuesto, CCU posee una amplia gama de marcas. Desde Schneider hasta Heineken y Budweiser. Esto es, una “lager” holandesa y una tipo norteamericano. Por ende, privarse de Bieckert y Palermo no le hace mayor mella, razón por la cual la Corte Suprema desestimó el reclamo. Ahora, queda por verse quién adquiere ambas etiquetas y para qué. Algunos apuestan por el gigante mejicano Femsa –fuerte en gaseosas vía Coca-Cola-, que ya trató de entrar en este mercado, adonde exportaba Tecate. Su rival azteca es el grupo Modelo, que tiene quizá la mejor cerveza del continente, Corona.
Luego de tres años de pugna judicial, la Corte Suprema –instancia que no debió haber sido alcanzada- rechazó una demanda de la chilena CCU. La empresa quería participar en la subasta de ambas etiquetas y esas plantas, hasta ahora pertenecientes a Quilmes-Brahma (o sea, el grupo brasileño AmBev).
Esa venta es condición indispensable para que la comisión nacional pro Defensa de la Competencia dé luz verde a una fusión que se remonta a 2003. En números, el dúo Bieckert-Palermo representa 10% del mercado local. Pero significa una historia que cierto marketing agresivo (no trepidaba en asociar jóvenes al consumo de la bebida) consignó al olvido.
En efecto, Bieckert (“bíkert” en alemán, “biekert” en francés) es la marca industrial de cerveza más vieja del país. Fundada en 1860 por un inmigrante alsaciano –de ahí la doble pronunciación-, su fábrica en Llavallol es aún la más añosa en actividad. Bieckert fue líder por lo menos hasta los años 50 e, inclusive, mantenía un “múnich” en avenida de Mayo al 900. Por otra parte, su verdadera rival nacional era Schneider (creada en Santa Fe por otro alsaciano en 1912), que tuvo “bierhaus” propia en esa ciudad.
Ambas competían en calidad con dos uruguayas (Norteña, Patricia). Todas eran tipo Pilsen y, hasta un malhadado decreto promulgado hace más de cincuenta años, las argentinas no se pasteurizaban en caliente. Dato al margen: hasta fines de los años 60, la Brahma brasileña era una cerveza mucho más liviana y transparente que la actual. Bieckert intentó copiarla con su marca “Llavallol”, también por entonces.
El eventual adquirente también dispondrá de una opción: tomar Norte, una marca salteña fuerte en el noroeste y aprovechar la amplia red distribuidora de Quilmes. Una condición adicional es que, local o extranjera, la compradora tenga ya presencia en el país. Por no hacer lo mismo, hoy una marca otrora prestigiosa en Uruguay (Norteña) cayó en manos de operadores ajenos a esa plaza y hoy sólo queda Patricia como cerveza tradicional.
Por supuesto, CCU posee una amplia gama de marcas. Desde Schneider hasta Heineken y Budweiser. Esto es, una “lager” holandesa y una tipo norteamericano. Por ende, privarse de Bieckert y Palermo no le hace mayor mella, razón por la cual la Corte Suprema desestimó el reclamo. Ahora, queda por verse quién adquiere ambas etiquetas y para qué. Algunos apuestan por el gigante mejicano Femsa –fuerte en gaseosas vía Coca-Cola-, que ya trató de entrar en este mercado, adonde exportaba Tecate. Su rival azteca es el grupo Modelo, que tiene quizá la mejor cerveza del continente, Corona.
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