¿Qué tiene en común la biotecnología con el fútbol?

Un jugador que además es bioquímico y emprendedor. Un jugador que con sus ganancias financió una investigación que podría reducir la dependencia mundial de los combustibles fósiles.

Se trata de Mathieu Flamini, un francés que ahora juega en el Arsenal de Inglaterra pero hace 10 años, cuando jugaba en el Milan, conoció a quien sería su socio en el emprendimiento en biotecnología: Pasquale Granate. Juntos fundaron GF Biochemicals, un emprendimiento que se dedicó a financiar investigación bioquímica con el fin de encontrar un sustituto  para los combustibles fósiles.

La compañía, que trabajó toda una década en silencio y anonimato, sale a relucir ahora con un anuncio que algunos llaman revolucionario. Han descubierto un proceso químico para producir una sustancia que podría llegar a sustituir al petróleo. La sustancia es un compuesto orgánico llamado ácido levulínico y se crea a partir de biomasa. Teniendo en cuenta que “biomasa” es cualquier materia orgánica de origen vegetal o animal y que incluye desechos orgánicos y residuos, podemos entender que esto significaría solucionar a la vez dos problemas graves del mundo actual: la energía y los desechos.

Esto sí que es responsabilidad social empresaria (RSE) en serio. Muchos dicen que Flamini tiene dinero suficiente como para comprarse el club Arsenal él solo o para ponerla en el banco y vivir tranquilo el resto de sus días. Sin embrago la usa para financiar investigaciones que resuelvan uno de los problemas más graves de la actualidad: la polución de aire.

De todos modos, de sobra sabemos que del anuncio a la realidad el  trecho es largo y sinuoso. Primero habrá que comprobar su eficacia y luego si es posible producirla a escala y a un costo que lo justifique. Esto último es justamente lo que está impidiendo el avance de las otras muchas fuentes alternativas de energía.

El otro gran enemigo de las energías alternativas es siempre el mismo: el petróleo, que ahora con un precio internacional irrisorio está tornando impracticables las grandes inversiones necesarias para escalar energías alternativas.

Pero lo más notable de esta historia no es el ácido levulínico sino que un jugador de fútbol haya decidido usar en forma filantrópica esas ganancias escandalosas que reciben los grandes deportistas.   

 

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