El nuevo gran reto para las consultoras

La gran enseñanza de 2020 es que hay que esperar lo inesperado. También se confirmó esta regla en el mundo de la consultoría.

Este es el nuevo escenario que enfrentan todas las empresas de auditoría y consultoría que, no solo deben reinventarse ellas, sino también ayudar a sus clientes en la más drástica transformación de que se tenga memoria.

Desde siempre ayudan a decidir hacia donde orientan las inversiones, cómo se transforman y modernizan las firmas en el campo tecnológico, pero también el productivo. Pero a lo largo de este año, se dedicaron a advertir a sus clientes cuál era el mejor camino para escapar a la trampa del corona virus con el menor daño posible. Y así lo hicieron.

Pero ahora viene el gran desafío. Cómo encarar un futuro más difícil de pronosticar que lo habitual, donde lo que se avecina son los cambios y transformaciones más veloces e integrales que se registran en el ámbito empresarial.

Hay un hecho incontrovertible: el comportamiento general de las empresas ha cambiado, producto de la necesidad durante los últimos meses, generada por la crisis pandémica. Surge con nitidez la necesidad de un nuevo contrato social entre ellas, el Estado, la sociedad y sus empleados.

En buena medida ha obligado a repensar cuál es –o será– el verdadero comportamiento de ellas. Y plantea el interrogante: cuándo se retorne a algo parecido a la normalidad, el saldo de las transformaciones, ¿será positivo?

Lo que es evidente es que hay cambios en las ideas dominantes sobre cuál es el rol corporativo en la sociedad.

 

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