A Uber también lo combaten en Londres

La guerra por las apps que permiten a la gente pedir taxis desde sus celulares se incrementó en las últimas semanas cuando los taxis tradicionales juraron aumentar su lucha contra Uber y otros rivales en rápido crecimiento. El proyecto del nuevo alcalde amenaza el crecimiento de la firma norteamericana. Por María Teresa Lavayén

En Londres existen dos tipos de taxis: los tradicionales, — los “black cabs” –que generalmente siguen siendo negros pero ya se los ve de otros colores, se caracterizan porque uno puede entrar casi parado de tan altos que son. Estaban pensados para señores que subían con sombrero de copa puesto. Esos son, por lo general, muy caros y son los que se paran en la calle. Luego están los “minicabs” que serían el equivalente a nuestros “teletaxis”. Esos son mucho más económicos y son los que casi siempre los locales que no usan transporte público llaman por teléfono.

 

Pero ni el emblemático estatus de los black cabs los defiende de la implacable marcha de la tecnología. Ahora que aquella capacidad única que los caracterizaba – que era su habilidad para moverse por el complicadísimo sistema de calles de la ciudad – se puede replicar con un simple teléfono móvil que tenga Google Maps, se acabó su supremacía y, muchos creen, podrían tener los días contados.

 

Pero para agravar la situación la llegada de Uber, el grupo norteamericano de transporte online, alteró el status quo de Londres. Las solicitudes de licencias para manejar un taxi oficial cayeron 20% este año y las solicitudes para dar el examen que les permita ser taxista, un requisito para poder exhibir la credencial, cayó más de dos tercios, según informa Bloomberg.

 

Los “cabbies” tienen planeadas manifestaciones para fines de este mes y el sindicato de conductores de taxis advierte que sus pares en otras ciudades también corren peligro. El mercado de taxis se está poniendo allí también muy combativo y cada vez más politizado.

 

Ante semejante clima el nuevo alcalde de Londres, elegido el mes pasado ha presentado un proyecto de ley para limitar el número de “minicabs” en la ciudad. La prepuesta se interpreta como un intento de impedir el crecimiento de Uber en detrimento de los sindicatos. Por su parte, Uber protestará los planes de Boris Johnson de poner un límite al número de “minicabs”. Su argumento es que eso significará mayores tarifas para millones de usuarios en la capital británica. Uber objetará ante el alcalde de Londres el número de remises en la ciudad.

 

Jo Bertram, directora de la rama británica del negocio, solicita la oportunidad de debatir el tema directamente con el alcalde. Se lamenta de no tener aun representación en el directorio del Transporte de Londres y de haber sido excluida de otros cuerpos desde donde podría mejor combatir la medida. Bertram dice que “limitar la capacidad de crecer significaría más altos preciso y menos disponibilidad para los millones de personas que confían en Uber y en servicios como el de ellos para circular”. Finaliza su carta al Financial Times diciendo que “las nuevas regulaciones deberían proteger a la gente—su seguridad personal y su bolsillo – no impedirle innovaciones que valoran y que simplifican su vida”.

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