Zafra récord de caña en Tucumán: Milei y el desafío económico
En medio de una zafra histórica, los cañeros tucumanos advierten sobre una rentabilidad en retroceso. El escenario revela una crisis estructural en el agro argentino, marcada por incertidumbres políticas, innovaciones dispares y fragmentación regional.

La campaña 2025 de caña de azúcar en Tucumán exhibe niveles récord de producción. Sin embargo, lejos de representar una bonanza para quienes trabajan la tierra, el resultado económico es inversamente proporcional a la cosecha. Productores cañeros denuncian que, pese al volumen inédito alcanzado, los ingresos resultantes son mínimos, en un contexto donde el precio del azúcar permanece estancado y los costos operativos, en alza.
La situación refleja una problemática estructural que afecta a buena parte del agro argentino: la desconexión entre los logros productivos y los beneficios económicos concretos. En un escenario internacional volátil y un mercado interno con márgenes cada vez más estrechos, los productores aseguran que la actividad resulta insostenible sin una intervención estatal que resguarde al sector.
Tensiones en el Mercosur y señales de alerta
La preocupación de los cañeros se profundizó tras el cruce diplomático entre los presidentes de Argentina y Brasil. En el marco de las recientes cumbres regionales, Javier Milei propuso avanzar hacia una mayor flexibilización del Mercosur. Como respuesta, Luiz Inácio Lula da Silva pidió una apertura del mercado azucarero, lo que encendió las alarmas entre los productores tucumanos.
El temor radica en que una mayor liberalización regional favorezca la entrada de azúcar brasileña —producida a escala y con ventajas competitivas estructurales— en detrimento de la industria local. Con una rentabilidad ya comprometida, la apertura del bloque sin mecanismos de protección podría agravar aún más la situación de los pequeños y medianos productores argentinos.
Problemas compartidos en el agro nacional
La falta de rentabilidad no es exclusiva del sector azucarero. En otras ramas de la producción agrícola, como la yerba mate, los trabajadores también enfrentan severas dificultades. Los tareferos —responsables de la cosecha manual de la hoja verde— aseguran que, a pesar de un aumento salarial escalonado del 10%, han perdido más de 30 puntos porcentuales de poder adquisitivo en el último año, según cifras de los propios sindicatos.
Esta pérdida sostenida refleja un proceso más amplio de precarización del trabajo rural, donde la inflación, la informalidad y la falta de políticas sectoriales conjugan una presión creciente sobre los ingresos reales.
Innovación e industrias emergentes
A contramano del deterioro de los ingresos rurales, algunos sectores apuestan por la innovación como herramienta para transformar el panorama productivo. En Uruguay, el fabricante de maquinaria agrícola Gustavo Aberastegui logró consolidar su emprendimiento y exportar mezcladoras (mixers), consolidando un polo industrial con proyección internacional. Este caso representa una excepción alentadora dentro de un entramado productivo donde la falta de escala y financiamiento suelen ser obstáculos recurrentes.
También en el ámbito de la lechería surgen iniciativas con potencial disruptivo. Un emprendimiento argentino fundado por tres socios trabaja en la conversión de datos generados en los tambos en herramientas de gestión productiva. La propuesta se inscribe en una tendencia global que busca aprovechar la inteligencia artificial y los macrodatos para optimizar procesos, reducir desperdicios y mejorar la eficiencia.
Por su parte, el agrónomo Tomás Forte avanza en el desarrollo de sustratos capaces de proteger los cultivos desde las primeras etapas del ciclo biológico. Su enfoque, que compara con el trabajo de un neonatólogo vegetal, apunta a reforzar la salud de las semillas y reducir el uso de agroquímicos, con beneficios tanto económicos como ambientales.
Visiones alternativas y sostenibilidad
Frente al modelo de producción dominante, algunas voces proponen enfoques basados en la relación con la naturaleza. Adriana Marcus promueve una visión donde el cuidado de la tierra y de las personas forman parte de un mismo entramado ético. En sus palabras, “todo lo que producimos los humanos es una recreación de elementos que existen en la naturaleza”, y plantea la “cuidadanía” como una forma de solidaridad activa frente a los desequilibrios del sistema productivo actual.
Un escenario de desafíos múltiples
La paradoja que atraviesan los cañeros tucumanos —producir más y ganar menos— condensa muchas de las tensiones del agro argentino: rentabilidad comprometida, competencia externa, fragmentación interna y ausencia de políticas sostenidas. Mientras tanto, la innovación tecnológica, aunque promisoria, avanza de forma desigual y no siempre logra impactar sobre las bases del sistema productivo.
En este contexto, el futuro del sector dependerá no solo de los precios internacionales o las condiciones climáticas, sino de la capacidad de articular políticas públicas que protejan a los pequeños y medianos productores, promuevan la inversión industrial y garanticen un desarrollo rural con inclusión.
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