Y desde ahora, ¿cómo sigue la saga griega?
Alexis Tsipras acaba de demostrar que es un profundo conocedor de la política de su país: el referendum lo ganó de modo decisivo. Ahora debe demostrar que puede moverse con eficiencia en la política europea. Por Miguel Ángel Diez
Para que los bancos griegos abran otra vez y la gente siga retirando dinero de los cajeros automáticos hace falta que el Banco Central Europeo provea más fondos de inmediato. Si ello ocurre, habrá tiempo para intentar que Alemania y Francia suavicen sus pretensiones y encontrar una solución. Si ello no ocurre, la crisis griega se convertirá en tragedia y necesidad perentoria en pocos días, empujando su salida del euro y de la Unión Europea.
Los analistas más optimistas creen que después del referéndum las posibilidades de llegar a un acuerdo son de 50%. Tsipras necesita mostrar a los votantes concesiones importantes sobre la oferta anterior. Lo cual agranda la brecha con sus interlocutores. Pero su triunfo puede leerse de dos maneras bien distintas: mejoró la posibilidad de un acuerdo aceptable para Grecia; o lo que viene es un total fracaso en las negociaciones que comenzarán ahora.
Las trabas son muchas. Los procedimientos internos del FMI (a quien no se le pagó el último vencimiento); algunos países –como Alemania- deben pedir permiso al Parlamento para sentarse nuevamente a la mesa negociadora. Nada de eso es definitivo: los europeos son imaginativos.
El tema es si de verdad quieren un acuerdo. Porque si lo hay, y se percibe como una victoria griega, otros partidos beligerantes de países como España, Portugal e incluso Italia, pueden sentirse tentados de imitar la estrategia griega.
Y ahí comienza otro problema. Si no hay arreglo, el daño para Grecia será catastrófico hasta que en algún punto, logrará cierta normalidad interior, dejando de pagar, obviamente. Pero ahora se empieza a calcular el costo que este fracaso puede tener para toda Europa. Desde ya comienza una venta masiva de global equities y de los bonos emitidos por Grecia a precio de liquidación, con enormes pérdidas para sus tenedores actuales.
No hay tiempo. Si el Banco Central Europeo no facilita fondos de emergencia para que puedan funcionar los bancos griegos, entonces no solamente serían inútiles las negociaciones: el estallido de la verdadera crisis en Grecia sería inmediata y brutal. Habrá escasez de mercaderías, de alimentos, de combustibles, y aumentarán los controles de capital en Grecia. Atenas se vería obligada a crear una cuasimoneda, tal vez el viejo dracma.
Tanto el Banco Central europeo como el FMI tendrán que desplegar intensa actividad para evitar el contagio en el resto del continente. Habrá que aumentar el programa de quantitative easings, por el cual el Banco Central compra títulos privados y públicos todos los meses, como se hizo en Estados Unidos y ahora en Japón.
Si Grecia abandona la zona del euro, habrá que ver si logra permanecer en la más amplia Unión Europea. Todo esto es lo que estará en juego en los próximos días.
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