Wall Street mira a Washington con recelo
Por ahora, los mercados reaccionan con cautela el impasse fiscal, pero la situación podría volverse más volátil o violenta hacia el 17 de octubre, cuando Washington ya no pueda cubrir obligaciones.
Lo que nadie creía que iba a suceder, sucedió. El gobierno empezó a cerrar oficinas administrativas federales ante la falta de sanción parlamentaria de una elevación del techo de la deuda para poder seguir funcionando.
Wall Street sigue con calma en las primeras horas del principio de default fiscal, con el Dow Jones en ligero repunte del 0,3% al arrancar la sesión, tras haber caído el lunes un 0,9%.
Los inversores ven todo esto como un reality show, pero que puede acabar haciendo un daño real a la recuperación y a la imagen de EE.UU.
Quedan dos semanas para que se cumpla la fecha tope en que demócratas y republicanos se pongan de acuerdo entre sí y con la Casa Blanca a fin de restituir a la deuda estadounidense como un activo viable como colateral en las operaciones financieras internacionales.
A partir de ese momento, las agencias de calificación podrían empezar a rebajar sus notas de solvencia, como advierten Moodys y Standard & Poors.
Incluso si se evita en el último minuto tal extremo, el cese de tres o cuatro semanas en las actividades del Gobierno federal por la falta de presupuesto tendría un impacto equivalente a los trastornos causados por los huracanes Katrina y Sandy.
Y como dicen en Wall Street, en este caso es además un daño voluntario y evitable.
En Bank of America lo ven peor y creen que el impasse fiscal actual puede comerse dos puntos del crecimiento y recuerda que esta situación tiene lugar, además, con los recortes automáticos del gasto en vigor desde la primavera por el impasse fiscal, fruto del último enfrentamiento. Lo que nadie se atreve a anticipar es qué pasará si EE.UU. entra en una situación de impago de la deuda.
Lo real es que se estima que más de 700 mil empleados públicos quedarán en casa sin paga, equivalente a toda la plantilla de la industria del automóvil, lo cual podría costar a la economía unos 1.000 millones de dólares a la semana, solo en pérdida de poder adquisitivo vía salarios.
Eso sin contar con el impacto que el cese tiene en empresas que dependen del Gobierno o que necesitan de los préstamos públicos para operar.
En los primeros dos días, la consecuencia en el crecimiento del cuatro trimestre sería de dos décimas, de acuerdo con las proyecciones de Goldman Sachs. Si se prolonga durante tres semanas, se elevaría a 1,4 puntos. Moody´s cifra el costo en 55.000 millones si dura tanto tiempo.
Los últimos datos muestran que la economía empezaba a recuperar el ritmo en agosto, lo que anticipaba un crecimiento superior al 3% en el cuatro trimestre frente al 2,5% del segundo y del 2% que se espera para el tercero, que aún debe publicarse. Eso debía haber llevado a la Reserva Federal a empezar a retirar los estímulos artificiales a la economía, proceso que seguramente se retrasará.
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