Tras el crecimiento de 2013, la construcción decae

 El sector de la construcción (refugio histórico de los ahorros de los argentinos) no tuvo un buen arranque del año y no se augura una recuperación en el segundo semestre, según Ecolatina.

 

La construcción arrancó el año con menor dinamismo, dado que los drivers, que la habían estimulado en 2013, perdieron impulso. A ello se sumó la caída de la demanda y un clima de incertidumbre de arranque. El sector no contó con el fuerte efecto inercia exhibido en 2013 (cuando se terminaron numerosas obras iniciadas antes del cepo), al tiempo que la suba en las tasas de interés, la caída en el salario real y la apertura parcial del cepo afectaron las obras pequeñas y refacciones, señala un informe de Ecolatina. Asimismo, el mercado inmobiliario continuó mostrando un número reducido de operaciones, pese a que tras dos años de caídas consecutivas exhibió algunos rebotes.

Esto obedeció a que el mercado, además de ajustar por cantidades, comenzó a convalidar menores precios. Por su parte, los gastos de capital del sector público nacional crecieron a un ritmo elevado en el primer semestre, el Pro.Cre.Ar continuó otorgando créditos y se anunció recientemente un nuevo plan de viviendas. No obstante, la mitad del gasto público en obras está a cargo de las provincias, cuya situación fiscal es delicada.

Tras el buen desempeño del 2013, la construcción arrancó el año con menor dinamismo, dado que los drivers que la habían empujado perdieron parte de su impulso. A ello se le sumó el clima de incertidumbre vivido durante los primeros seis meses de 2014, y que parece continuará en la segunda mitad del año. Según cifras oficiales, el Indicador Sintético de la Construcción (ISAC) se contrajo 2,4% i.a. entre enero y junio de 2014, tras la expansión de 4,6% anual exhibida en 2013.

En particular, se observaron caídas en la mayoría de los bloques que componen el índice: viviendas (-2,9% i.a.), edificios para otros destinos (-2,1% i.a.), construcciones petroleras (3,2% i.a.) y otras obras de infraestructura (-2,1% i.a.). La excepción fueron las obras viales, que se estancaron. Los demás indicadores privados del sector acusaron esta pérdida de dinamismo. Por caso, el Índice

Construya comenzó el año con cierta inercia, creciendo 8% i.a. en el primer trimestre. No obstante, el segundo dio cuenta de la debilidad de la construcción: el indicador, que mide la demanda de insumos ofrecidos por marcas líderes, cayó 7,3% i.a. entre marzo y junio, contracción que se profundizó en julio (-14,9% i.a.). El consumo de cemento, insumo clave para la construcción, también se vio complicado por la desaceleración del sector. En el primer semestre del año cayó 3,2% i.a, y arrancó la segunda mitad con una contracción de 5,4% i.a. en julio. Lo más preocupante es que la pérdida de dinamismo de la construcción repercutió en el empleo: la cantidad de trabajadores registrados cayó 2,5% i.a. entre enero y mayo de 2014, tras el repunte exhibido en el segundo semestre del año pasado (+1,0% i.a.).

Poca inercia, menos confianza

El año pasado la construcción se había visto impulsada por el repunte de la actividad, la inercia del *boom* de permisos de 2011, la mayor cantidad de pequeñas obras y refacciones, y el salto en el gasto en obra pública. Estos factores ya no se están vigentes en 2014, y la construcción enfrenta dificultades. En primer lugar, el complejo contexto macroeconómico y la actual incertidumbre vienen teniendo impacto en la actividad del sector.

 

De hecho, según la encuesta cualitativa del ISAC para el tercer trimestre del año, una de cada tres empresas considera que la caída de la actividad económica repercutirá negativamente sobre la construcción, cuando sólo tres meses atrás esta proporción era de uno a cuatro. Asimismo, los menores permisos autorizados en 2013 implican un efecto inercia más débil: el año pasado la actividad de la construcción se vio estimulada por la continuidad de las numerosas obras autorizadas en 2011 (año récord de nuevos permisos) y 2012.

 

Como el área autorizada para la construcción fue declinando hasta llegar a su mínimo en 2013, el sector exhibe un menor arrastre, a medida que se van concluyendo proyectos inmobiliarios. En cuanto al arranque del año, si bien los metros autorizados para construir se recuperaron durante el primer semestre (+7,5% i.a.) aún se ubican muy por debajo de los niveles de hace dos años.

 

Si se comparan los permisos del primer semestre de 2014 con los de la primera mitad de 2011, éstos cayeron 21%. Además, habría disminuido la cantidad de pequeñas obras y refacciones realizadas, debido a la caída del salario real en el arranque del año (que impactó sobre la capacidad de ahorro de los hogares), a la suba en las tasas de interés y a la parcial apertura del cepo cambiario.

 

En parte, estas obras en los últimos dos años se habían constituido como una alternativa de ahorro. De hecho, se observó en la primera mitad del año que los despachos de cemento en bolsa exhibieron una caída más profunda que en su formato a granel (-5,3% i.a. vs. -2,3% i.a. en el primer semestre, respectivamente). Por su parte, el mercado inmobiliario (que viene sufriendo desde la implementación del cepo cambiario) sigue mostrando un nivel de operaciones muy reducido, aunque si bien las escrituras continuaron cayendo en el arranque del año (-2% i.a.), en febrero y junio se vieron repuntes (+16% i.a. y +20% i.a., respectivamente). A pesar de que la baja base de comparación explica parte de estos rebotes, también hay que resaltar que a diferencia del pasado el mercado no está ajustando sólo por cantidades, sino que los propietarios estarían comenzando a convalidar cierta baja en los precios.

 

A esto se le suma que los nuevos edificios (terminados a finales del año pasado y principios de este) ampliaron la oferta de inmuebles, permitiendo menores precios y el aumento de las operaciones de compraventa. Según el Colegio de Escribanos, el precio del m2 se contrajo 1,7% en lo que va del año, con una caída de 11,8% i.a. en junio de 2014. Pero el efecto de los menores precios en parte es neutralizado por el clima de mayor incertidumbre. De acuerdo con el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Torcuato Di Tella, aunque la disposición a la compra de bienes durables (inmuebles incluido) mejoró 5% en agosto con respecto al mes anterior, muestra una caída de 30% en relación a enero (previo a la devaluación). Asimismo, los créditos hipotecarios (que igualmente representaban una baja fracción de las operaciones de compraventa) se han visto afectados por el alza de las tasas de interés.

 

Los préstamos hipotecarios al cierre del primer semestre mostraron un alza de sólo 16% i.a., mientras que los destinados exclusivamente a viviendas crecieron apenas 8% i.a. Los fideicomisos en pesos también están mermando. Esta alternativa de financiamiento se desarrolló en los últimos años gracias a una incipiente pesificación del sector y al cepo cambiario. Pero, como el crecimiento de los costos hace que la cuota representa cada vez una mayor proporción del ingreso, se ha desalentado potencial capital de inversión. El costo de la construcción, medido en dólares, continuó cayendo en lo que va del año (según la Cámara Argentina de la Construcción se contrajo 6,3% al dólar oficial y 1,5% al paralelo). Sin embargo, la dinámica de los costos continuó siendo un limitante para el sector, en un marco de menor financiamiento y caída real en los ingresos de los agentes. Finalmente, con respecto al gasto público, hay señales mixtas. Por un lado, éste no es un año electoral y el gobierno nacional comenzó el año con señales de moderación fiscal (especialmente en el caso de jubilaciones y subsidios). Pero en el primer semestre el gasto de capital nacional se expandió 37% i.a., dando pocas señales de desaceleración. De hecho, es importante destacar que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad ya lleva otorgados créditos por cerca de $ 12.500 millones en lo que va de la existencia del Pro.Cre.Ar, en comparación con los $ 23.000 millones otorgados por privados al mes de junio. A ello se le sumarían $ 27.000 millones para construir 100.000 casas, según el nuevo plan gubernamental de viviendas “Vivir más cerca”. No obstante, a nivel consolidado la mitad del gasto de capital es realizado por las provincias que se encuentran en una situación fiscal compleja: la moderación de las erogaciones (especialmente las de mayor flexibilidad como las obras) será una constante en este marco de falta de fuentes de financiamiento.

 

En todo caso, aunque el sector público no acusará un freno de igual magnitud que el sector privado, no constituirá un motor como lo fue en 2013.

¿Cómo sigue la historia?

Si bien los gastos de capital nacionales probablemente continúen creciendo a elevado ritmo, éstos no podrán compensar los limitantes que enfrentan las provincias y, especialmente, el sector privado: la incertidumbre, el alza en los costos, el menor crédito y la parálisis del mercado inmobiliario.

La dilatación de una solución en el frente externo, en este sentido, no constituye una buena noticia. Por esta razón, para 2014 proyectamos una caída de la construcción de 3,7% i.a.

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