Tras el acuerdo, encrucijadas para la estrategia económica
Con el acuerdo se genera un mayor espacio para el Banco Central en la administración de reservas y, en consecuencia, la política monetaria.

La media sanción al acuerdo con el FMI para que Argentina pueda cumplir con el cronograma de pagos del programa
Stand By
es un paso hacia adelante para aliviar las presiones futuras sobre la administración de las divisas y sobre el Balance de Pagos.
Por Martín Calveira (*)
Esto se traduce en que, al disponer de fondos para el pago en el corto plazo al FMI, no se producirá una presión contractiva ante la necesidad de las divisas y, en efecto, un eventual mayor cerrojo que se podría haber generado sin un acuerdo. Recordemos que este año vencen poco más de U$S 19.000 millones del préstamo Stand By. Con el acuerdo se genera un mayor espacio para el Banco Central en la administración de reservas y, en consecuencia, la política monetaria. Descomprimir las presiones sobre las divisas es evitar, en principio, mayores restricciones en el mercado de cambios y el comercio exterior por el lado de las importaciones. La capacidad de importar de un país determina naturalmente la actividad económica, principalmente para el caso de nuestro país, la capacidad de la oferta de bienes y servicios de origen industrial, a los que se agregan la energía. Más aún en un contexto donde la economía argentina necesita divisas para sostener la recuperación económica y transformarla en crecimiento. En este contexto se circunscribe la mala noticia del aumento de los precios de la energía derivado del conflicto Rusia-Ucrania. Si bien el programa económico elaborado por el Ministerio de Economía no se aprobó junto con el acuerdo, tal como se pretendía inicialmente, el acuerdo con el FMI no va a resolver por sí solo la problemática que presenta la economía nacional. Aquí se plantean varias encrucijadas para la estrategia económica. Por un lado, la necesidad de bajar el déficit fiscal primario y el financiamiento monetario al sector público es complejo frente a la necesidad de sostener la actividad económica. En este sentido, disminuir el déficit fiscal demanda un recorte de subsidios en las tarifas de servicios públicos y ante un aumento potencial de la energía, esto sería más complejo. El aumento de las tarifas de energía aludido en el programa económico se estableció previo a la invasión rusa a Ucrania. El análisis debe estar en la cuantía del impacto en el costo de la energía derivado del actual conflicto bélico y su potencial traslado a precios o bien, un mayor déficit fiscal para evitar esa transmisión. Otro de los desafíos es la desinflación en un mundo de mayor inflación. El ministro planteó la necesidad de una reducción de la asistencia del Banco Central y, a su vez, tasa de interés real positiva en aras de reconstruir el mercado financiero local. Esto implica un mayor costo del crédito y desafíos futuros respecto a la capacidad de pago de deuda en pesos. Un menor financiamiento monetario implica que el sector público se financie en el mercado y, entretanto, un nivel de tasas de interés positiva implica mayores servicios sobre la deuda en moneda local. En este contexto es indudable la necesidad de un programa de estabilización con cohesión de todos los sectores de la sociedad. De lo contrario, el acuerdo con el FMI será solo un arreglo macrofinanciero temporal que estará sujeto a presiones diversas con resultados inciertos. Recordemos el blindaje y demás programas similares.
(*) Investigador del IAE Business School, escuela de negocios de la Universidad Austral y uno de los autores del Informe Económico Mensual (IEM) de la misma escuela de negocios.
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