¿Quién regula la actividad comercial en el espacio exterior?

La incursión del sector privado en el espacio celeste plantea una serie de problemas que necesitan atención urgente.

Las bases de la ley espacial internacional se sentaron en plena guerra fría y la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En 1950. Dos años después de que los rusos lanzaran el Sputnik – el primer satélite artificial – las Naciones Unidas crearon una comisión para el uso pacífico del espacio exterior.

En 1967 se implantó el Tratado del Espacio Exterior con la declaración de que “la luna y otros cuerpos celestes…. serán la provincia de toda la humanidad”.

 

Ese tratado sigue siendo la piedra angular de la ley espacial internacional. Sin embargo durante los últimos 40 años la actividad espacial se transformó: el sector privado entró al territorio de los gobiernos. El Tratado de 1967 definía con claridad las responsabilidades de los gobiernos, pero no previó la naturaleza de las operaciones comerciales.

 

Y como el espacio no le pertenece a nadie, comienzan los problemas. Hay dos temas en particular que necesitan clarificación legal : la minería del espacio y la polución del espacio.

 

La extracción de recursos celestes

 

La idea de aprovechar minerales de los cuerpos celestes afloró hace cuatro años. Es probable que la luna sea uno de los objetivos primeros para la explotación comercial . Ya hay varias startup con planes de extraer recursos de la luna en esta década. Una es japonesa – ispace – y la otra norteamericana , Lunar Resources and Moon Express.

 

Al no existir un claro marco legal internacional los países están formulando leyes nacionales para que sus empresas y sus ciudadanos puedan explotar recursos en cuerpos celestes. Estados Unidos fue a la cabeza con el Space Resource Exploration and Utilisation Act que firmó Barack Obama en 2015. Le siguió en 2017 Luxemburgo, un país muy pequeño pero con grandes ambiciones espaciales .

 

En noviembre la Oficina norteamericana de asuntos del espacio exterior firmó un acuerdo con el gobierno de Luxemburgo para lanzar un proyecto llamado Space Law for New Space Actors (Leu espacial para nuevos actores espaciales). Eso ayudará a los países que comienzan a desarrollar programas espaciales a diseñar legislación de acuerdo con la ley espacial internacional.

 

Polución orbital

 

El otro problema, más urgente que el primero, es la polución orbital. Los restos de las naves espaciales que ya murieron es peligro cada vez más grande para los satélites activos, necesarios porque brindan comunicación, navegación, pronósticos de clima, etc.

La European Space Agency estima que hay más de 3.000 satélites abandonados en órbita y más de 34.000 fragmentos de escombros — de 10cm– que podrían destruir un satélite activo; y millones de partículas diminutas capaces de provocar serios daños si impactan en lugares indebidos.

 

Al no existir una ley internacional que obligue a los operadores de satélites a retirar las naves espaciales redundantes de las atestadas órbitas, Naciones Unidas y sus afiliadas han redactado códigos voluntarios.

 

Pero hay muchos que reclaman medidas más fuertes, que debería ser obligatorio que cada nuevo satélite incluya un mecanismo que lo baje para que se queme en la atmósfera al final de su vida. O que los operadores sean obligados a firmar un contrato para des-orbitar sus satélites cuando dejan de ser operativos.

 

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