Poco margen para insistir con más de lo mismo

No se vislumbra un escenario en el que el gobierno opte por un giro completo, por más que esté al tanto del peligro continuar con esta política de precios (con su repercusión cambiaria) y de tarifas. La constante caída de las reservas es la alarma.





El economista y gerente de Desarrollo de Negocios de abeceb.com, Juan Pablo Ronderos, analizó el escenario que puede esperarse para el período que comienza el lunes 28 de octubre.

Según su percepción, que se siga haciendo más de lo mismo implica riesgos muy altos, lo que lo lleva a creer que el Gobierno está al tanto de estos peligros (no ignora de hecho la señal que significa la caída constante de reservas internacionales desde hace meses).

Aclara que si hay algo que ha caracterizado al kirchnerismo en todos estos años de ejercicio del poder es la poca propensión al cambio: de intérpretes, de rumbo, de instrumentos, de objetivos, aunque esto no tiene que ser necesariamente malo en términos de la política, como lo es en materia económica.

Si bien no es malo tener siempre un mismo norte a dónde apuntar la mira, es contraproducente hacer siempre lo mismo bajo diferentes circunstancias para alcanzar ese objetivo, advierte, porque terminar generando resultados opuestos a los buscados.

Para entender la década ganada/empatada/perdida habría que dividirla en tres etapas. La primera fue la mejor del kirchnerismo en materia económica. Pero a pesar del palmarés que pueda mostrar el gobierno sobre ese período, muchas de las bases del deterioro que siguió en la segunda etapa y que se profundizaron en esta última fueron puestas en marcha en la primera.

Una muestra de esta falta de propensión al cambio, a pesar de que modificaciones en el escenario demandaban reorientar la política económica, ha sido la política de precios congelados y de subsidios a la energía. La lista de errores en el mismo sentido es larga, al igual que las consecuencias que hoy son más que evidentes.

Pero en algún momento, la necesidad de un cambio fue tan evidente que el gobierno no tuvo más remedio que cambiar, aunque lo hizo de la manera equivocada. Con un amplio set de opciones disponibles, se decidió por un cambio de régimen completo (lo que nosotros consideramos dio inicio a la tercera etapa que aún está vigente), pero sin un análisis integral, sin coordinación, eligiendo los instrumentos menos recomendables, con mala implementación y con peor comunicación.

Quizás fue la falta de ejercicio en materia de cambio. Quizás una mala lectura política. O quizás un error de diagnóstico o simplemente la falta de éste.

Sea lo que fuere, la economía argentina hoy está mucho peor que antes de implementarse este cambio de régimen.

Y la escena actual tiene una vida útil muy corta.

Luego de las elecciones de octubre (que darían por finalizado anticipadamente 2013), el gobierno debería decidir cómo seguir en materia de política económica.
Por un lado, tiene la opción de seguir haciendo más de lo mismo, pero esperar resultados diferentes no sería racional. Ni siquiera la suerte (es decir, Brasil + China + clima + cosecha), que incluso hoy también está puesta en duda, ayudaría a torcer la historia de reafirmarse este rumbo.

Propuestas

En abeceb.com creemos que son cada vez menos las opciones disponibles (y van quedando en el camino a un ritmo cada vez más acelerado), así como que los costos de implementarlas crecen con el paso de los meses.

Hoy estamos en un peor escenario en términos de posibilidades de maniobra respecto de fines de 2011, cuando se decidió tomar la senda actual.

La lista de opciones puede hoy todavía ser larga (incluso cuando se acorte aceleradamente con el paso del tiempo), pero se pueden mencionar quizás las más importantes y “sencillas” de elegir –aunque, como se dijo unas líneas más arriba, hoy por hoy no hay salidas sin costos-.

En primer lugar, parece inevitable actuar sobre una estrategia que contenga y enfrente todas las aristas que hoy explican el aumento sostenido de los precios.

Sin un plan que incluya todos estos aspectos, será infructuoso –y se podría decir que riesgoso- intentar compensar la pérdida de competitividad producto del atraso cambiario a través de una aceleración del ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial. Y no vale la pena ni pensar en una solución a la existencia de un mercado paralelo sin tomar estos recaudos.

Un paso bien diseñado, implementado, coordinado y correctamente comunicado en este campo sería fundamental para avanzar sobre otro aspecto clave como las tarifas de los servicios públicos, que necesitará además de un gran esfuerzo en este mismo sentido: diseño, implementación, coordinación y comunicación del marco tarifario, en particular sobre los precios de la energía. Este rubro del gasto público representa alrededor de 4,5% del PIB, siendo en gran medida el culpable del déficit primario y, por ende, la principal causa de la dominancia fiscal sobre la política monetaria –léase emisión para financiar al Tesoro-.

Con algunas de estas medidas en marcha, no sería descabellado pensar en una estrategia para volver a los mercados financieros internacionales y para captar inversiones extranjeras, que permitan despejar la restricción externa, financiando y minimizando los costos de salida del laberinto en que está inmersa la economía en la actualidad.

Para esto será necesario actuar en varios frentes, como un arreglo con el Club de París y una solución lógica a la situación con el FMI. Pasos que no son sencillos pero tampoco imposibles, aunque pueden complicarse de acuerdo con el fallo final en el pleito con los tenedores de bonos en default en Nueva York.

A primera vista suena poco probable pensar en un escenario donde el gobierno, poco propenso a cambiar y que cuando lo ha hecho optó por un camino opuesto, elija un sendero que incluya estos primeros puntos de manera integral.
No sólo porque implicaría un giro importante sobre lo hecho hasta acá en los últimos años, sino porque además de optar por este cambio ni siquiera tendría asegurado el éxito.

Por un lado, porque todas estas medidas implican costos (políticos y económicos) altos sin beneficios tangibles en el corto plazo, dado que su implementación es lenta en muchos casos.

Pero, además, porque la credibilidad del gobierno es hoy baja, por lo que el esfuerzo para “vender” el cambio de estrategia es mucho mayor, lo que demanda capacidades de gestión y comunicación que hoy parecen faltar.

Así, el sólo anuncio de un cambio en este sentido puede no ser suficiente dado el historial. Y se suma también el hecho de que un gobierno con menos poder político (de confirmarse las encuestas que adelantan un resultado ajustado para el oficialismo) tiene menor capacidad de maniobra y menos “espalda” para llevar adelante una estrategia integral y costosa como la que aparece como alternativa.

Hay un ajuste de tarifas en ciernes que permitirá al menos desacelerar el crecimiento de los subsidios, dando algo (poco) de aire a las cuentas fiscales y, por ende, a la política monetaria.

También esperamos una continuación de la aceleración del ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial, aunque sin grandes saltos. Y, en un segundo escalón, vemos cierta probabilidad de que se comiencen a dar señales de acercamiento al Club de París para destrabar el acceso a fondos externos, en un principio al menos de organismos internacionales y de bancos de inversión de países desarrollados orientados a financiar obras de infraestructura. También creemos que se repetirá el caso Chevron, con decretos a medida que destraben inversiones de cierta dimensión.

Sin embargo, la timidez de los avances esperados junto con los desafíos que enfrenta el gobierno (complejidad de los problemas, tiempos de implementación y maduración de las medidas, falta de credibilidad, poca capacidad de gestión, probable debilitamiento político) conforman un mix que lejos estará de despejar los nubarrones que se ciernen sobre la economía argentina.

Así, dentro de nuestro escenario base esperamos para los próximos dos años una economía mediocre, con poco crecimiento, nula o leve capacidad de creación de empleo privado, inflación elevada pero sin salirse de control, una restricción externa vigente, problemas y ruidos en el mercado cambiario, etc.

De cumplirse este escenario, la necesidad de cambio será imperiosa en 2015. Aunque para ese momento las perspectivas son más favorables, con un mundo que prevemos positivo para nuestra economía en el mediano y largo plazo por una convergencia de factores estructurales.

 

 

 


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