Plata dulce, para “pasar el invierno” energético
Tras el fracaso de la política económica, la Administración de Alberto Fernández y la coalición del FdT han ido modificando su diagnóstico de los primeros dos años y medio de gestión.

Que, como recuerda Juan Luis Bour de Fiel en el editorial de la publicación, establecía como pauta de política macroeconómica la expansión sin freno de la demanda de consumo y el gasto público sin importar la forma de financiación del gasto estatal. Luego de agotar todos los recursos, en la coalición (o su gran mayoría) parecen coincidir en que la estrategia se agotó y que algo anduvo mal. Aunque, probablemente, el diagnóstico está errado y todavía se la quiere mantener viva. ¿Cómo se lograría la supervivencia? Dado que la escasez de dólares se imputa a las compras de energía durante el invierno, basta con llegar a la primavera y luego esperar los dólares de las nuevas cosechas. Como el problema serían los dólares –no el exceso de pesos- se trataría de desacelerar por un tiempo el crecimiento del gasto público, concentrando el ajuste en reducir los subsidios al sector privado, sosteniendo por otro lado la porción del gasto que políticamente importa tras resignar subsidios. Es decir, sostener el gasto social y algo de obra pública que los gobernadores reclaman financiándolo en el mercado local de pesos, tratando de emitir algo menos. Suena bien a los oídos de la política excepto que, como no se atacan los problemas que hacen que la demanda de pesos siga cayendo, la brecha cambiaria se mantenga elevada y creciente, se pierdan los últimos restos de reservas y se sigan alentando las expectativas de devaluación, el Banco Central seguirá emitiendo para financiar al Tesoro y comprando bonos del Tesoro en el mercado secundario. Así, la inyección de pesos terminaría por exacerbar la demanda de bienes de todo tipo –particularmente importados-, lo que aceleraría la inflación y contraería la oferta –porque no habrá dólares para todos- desatando una recesión. Estamos a semanas de confirmar estadísticamente que ingresamos en un periodo de contracción de la economía con aceleración de todas las variables nominales. Ya no se trata solo del Ministerio de Economía: el Banco Central sigue ausente y corriendo de atrás. Al acelerar de a poco el ritmo de devaluación mensual en la estrategia de cambios reptantes consolida pisos más altos de inflación mensual sin cerrar la brecha cambiaria. Si ensaya una devaluación al estilo K-F (Kicilloff-Fábregas) con ajuste fiscal incompleto enfrentará varios problemas. El primero es agravar desequilibrios en el mercado energético y aumentar (en lugar de reducir) el gasto en subsidios. El segundo es que, al partir de un nivel de inflación que casi triplica el nivel inicial en la experiencia de 2014, se compra un salto inflacionario al piso de los dos dígitos mensuales. Tanto la solución de “espera” a que en septiembre termine la temporada “alta” de importaciones de energía, como la agresividad direccionada a recortar solo subsidios mientras se mantiene el otro festival de gasto público financiado con deuda doméstica y emisión convergen a un escenario aún más volátil que el que hoy se enfrenta. Nada mal para empezar el año 2023.
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