Parmalat: el agujero negro orilla los 10.000 millones

El colapso del 8° grupo italiano descubre que, como subrayan Lester Thurow y Geminello Alvi, “su negocio no era el lácteo, sino la especulación financiera”. Ahí residen el símil con Enron y un “agujero” que orilla los € 10.000 millones.

22 diciembre, 2003

Una de las peores semanas en la historia del capitalismo peninsular se cerró con las acciones de Parmalat -¿o quizá la firma Calisto Tanzi e figli, Collecchio, Parma?- cayendo 66,3%. El sábado 20, sólo quedaba una esperanza: Enrico Bondi, CEO (o virtual interventor) en lugar del hoy recluso “paterfamilias”, parece dispuesto a retener el timón hasta encaminar el crac.

Por supuesto, expertos y analistas en Milán, Zürich, Londres y Nueva York dan por segura una presentación según la ley norteamericana de concursos y quiebras. Los números no ofrecen opciones: € 7.590 millones de ventas anuales en 2002, 9.000 millones en deudas y casi 10.000 millones esfumados vía una empresa fantasma radicada en Caimán.

En otro plano, se torna delicada la situación jurídica de los Tanzi, su operador financiero –Fausto Tonna-, los revisores de cuentas (Grant Thoronton, Deloit & Touche) y dos bancos involucrados en maniobras “off shore” (Citigroup, Bank of America). Hoy, en Milán, Bondi se reúne con Mediobanca y Lazard Frères para armar un salvataje, que podría culminar en venta.

Junto con los accionistas minoritarios, el tendal incluye unos 100.000 tenedores de bonos y obligaciones negociables. Los alcances del colapso son ya internacionales. Aparte de su presencia en el extranjero (lácteos y marcas como Sunnydale o Farmland), Parmalat controla en Italia Ala, Berna, Centrales del Latte Roma, Fresco Blu, Lactis, Santal, Pomi/Pomito y Grisbi.

Incidentalmente, la Comisión Federal de Valores (SEC, Securitites & Exchange Commission) ha recibido una sugerencia de su par italiana (Consob) para una ofensiva contra Caimán como plaza extraterritorial. Igual tesitura prima en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, París).

Por su parte, la procuración –fiscalía- milanesa, tras pedir la quiebra (sábado), reveló el domingo que han aparecido más registros falsos y el “bucco nero” tal vez llegue a los € 10.000 millones: veinte veces el monto “tragado” por el fondo Epicurum, también en Caimán. Tampoo se privan de intervenir Silvio Berlusconi y su ministro de Economía, Giulio Tremonti. Algunas declaraciones oportunistas del “premier” alarmaban a los bancos –especialmente al central- y al propio Bondi.

Tremonti, Bondi y los síndicos concursales seguían de consulta en consulta. Pero los contactos realmente datan del jueves 18, cuando se conoció una auditoría de la firma Grant Thornton sobre Bonlat Corporation, la misteriosa “caja fuerte” de los Tanzi en el Caribe.

La estantería empezó a desmoronarse un día antes, cuando Bank of America le informó a GT que no había en su sistema cuenta alguna a ese nombre y, a su juicio, Bonlat no existía. En buen romance, € 7/10.000 millones desaparecieron junto con la “caja fuerte”. Alguien recordó que el desastre había empezado al esfumarse 497 millones colocados en Epicurum vía una ingeniería financiera llamada “bucco nero” (agujero negro, también bucanero), a cargo de Citigroup.

Pero hay un detalle más. El informe BofA revela que la entidad ya había negado la autenticidad de Bonlat a principios de marzo. Esta “caja fuerte” figura, con € 3.950 millones adentro, en el balance de 2002. Certificado por Grant Thornton (sindicatura) y Deloitte & Touche (auditoría), por lo cual arriesgan una suerte parecida a la de Arthur Andersen con Enron. En ambos casos, el detonante es dinero transferido a “off shores” antillanos.

“!¿Cómo explican los Tanzi, GT y D&T la demora de nueve meses en decir la verdad a accionistas, autoridades y público? O precisaban tiempo para vaciar la caja o esos fondos nunca existieron”, supone “Journal de Génève”. Otra llamativa omisión viene de antes: Parmalat era más compañía financiera que productora de lácteos.

Tonna metió al grupo en el segmento más volátil, la especulación con instrumentos derivativos. Así se explica la desaparición de sumas que ahora se acerca a € 10.000 millones. Las dos cajas fuertes debieron haber armado complejos derivados para cubrir pases, opciones y futuros. Por una causa u otra, estas posiciones se desplomaron antes de tiempo y dejaron un tendal. El resto del pasivo abarca deuda titulizada (bonos) y obligaciones negociables.

El grupo fue creado en 1961, es de tipo familiar (Stefano, el hijo mayor, preside el club Atlético Parma, siguiendo la manía entre magnates de tener un equipo de fútbol), opera 139 plantas en 31 países y emplea 36.400 personas. En ventas, las regiones dominantes son Europa (38,5%), América septentrional (33%) y meridional (18,4%, con predominio de Brasil). La firma entró en Argentina comprando activos desde 1992, posee dos fábricas y factura apenas unos € 53 millones anuales. Su suerte queda ligada al concurso y una eventual venta global (Nestlé es una de las interesadas).

Una de las peores semanas en la historia del capitalismo peninsular se cerró con las acciones de Parmalat -¿o quizá la firma Calisto Tanzi e figli, Collecchio, Parma?- cayendo 66,3%. El sábado 20, sólo quedaba una esperanza: Enrico Bondi, CEO (o virtual interventor) en lugar del hoy recluso “paterfamilias”, parece dispuesto a retener el timón hasta encaminar el crac.

Por supuesto, expertos y analistas en Milán, Zürich, Londres y Nueva York dan por segura una presentación según la ley norteamericana de concursos y quiebras. Los números no ofrecen opciones: € 7.590 millones de ventas anuales en 2002, 9.000 millones en deudas y casi 10.000 millones esfumados vía una empresa fantasma radicada en Caimán.

En otro plano, se torna delicada la situación jurídica de los Tanzi, su operador financiero –Fausto Tonna-, los revisores de cuentas (Grant Thoronton, Deloit & Touche) y dos bancos involucrados en maniobras “off shore” (Citigroup, Bank of America). Hoy, en Milán, Bondi se reúne con Mediobanca y Lazard Frères para armar un salvataje, que podría culminar en venta.

Junto con los accionistas minoritarios, el tendal incluye unos 100.000 tenedores de bonos y obligaciones negociables. Los alcances del colapso son ya internacionales. Aparte de su presencia en el extranjero (lácteos y marcas como Sunnydale o Farmland), Parmalat controla en Italia Ala, Berna, Centrales del Latte Roma, Fresco Blu, Lactis, Santal, Pomi/Pomito y Grisbi.

Incidentalmente, la Comisión Federal de Valores (SEC, Securitites & Exchange Commission) ha recibido una sugerencia de su par italiana (Consob) para una ofensiva contra Caimán como plaza extraterritorial. Igual tesitura prima en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, París).

Por su parte, la procuración –fiscalía- milanesa, tras pedir la quiebra (sábado), reveló el domingo que han aparecido más registros falsos y el “bucco nero” tal vez llegue a los € 10.000 millones: veinte veces el monto “tragado” por el fondo Epicurum, también en Caimán. Tampoo se privan de intervenir Silvio Berlusconi y su ministro de Economía, Giulio Tremonti. Algunas declaraciones oportunistas del “premier” alarmaban a los bancos –especialmente al central- y al propio Bondi.

Tremonti, Bondi y los síndicos concursales seguían de consulta en consulta. Pero los contactos realmente datan del jueves 18, cuando se conoció una auditoría de la firma Grant Thornton sobre Bonlat Corporation, la misteriosa “caja fuerte” de los Tanzi en el Caribe.

La estantería empezó a desmoronarse un día antes, cuando Bank of America le informó a GT que no había en su sistema cuenta alguna a ese nombre y, a su juicio, Bonlat no existía. En buen romance, € 7/10.000 millones desaparecieron junto con la “caja fuerte”. Alguien recordó que el desastre había empezado al esfumarse 497 millones colocados en Epicurum vía una ingeniería financiera llamada “bucco nero” (agujero negro, también bucanero), a cargo de Citigroup.

Pero hay un detalle más. El informe BofA revela que la entidad ya había negado la autenticidad de Bonlat a principios de marzo. Esta “caja fuerte” figura, con € 3.950 millones adentro, en el balance de 2002. Certificado por Grant Thornton (sindicatura) y Deloitte & Touche (auditoría), por lo cual arriesgan una suerte parecida a la de Arthur Andersen con Enron. En ambos casos, el detonante es dinero transferido a “off shores” antillanos.

“!¿Cómo explican los Tanzi, GT y D&T la demora de nueve meses en decir la verdad a accionistas, autoridades y público? O precisaban tiempo para vaciar la caja o esos fondos nunca existieron”, supone “Journal de Génève”. Otra llamativa omisión viene de antes: Parmalat era más compañía financiera que productora de lácteos.

Tonna metió al grupo en el segmento más volátil, la especulación con instrumentos derivativos. Así se explica la desaparición de sumas que ahora se acerca a € 10.000 millones. Las dos cajas fuertes debieron haber armado complejos derivados para cubrir pases, opciones y futuros. Por una causa u otra, estas posiciones se desplomaron antes de tiempo y dejaron un tendal. El resto del pasivo abarca deuda titulizada (bonos) y obligaciones negociables.

El grupo fue creado en 1961, es de tipo familiar (Stefano, el hijo mayor, preside el club Atlético Parma, siguiendo la manía entre magnates de tener un equipo de fútbol), opera 139 plantas en 31 países y emplea 36.400 personas. En ventas, las regiones dominantes son Europa (38,5%), América septentrional (33%) y meridional (18,4%, con predominio de Brasil). La firma entró en Argentina comprando activos desde 1992, posee dos fábricas y factura apenas unos € 53 millones anuales. Su suerte queda ligada al concurso y una eventual venta global (Nestlé es una de las interesadas).

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