Otra vez Davos, otra vez el debate del clima

El Foro Económico tiene defensores y detractores. Pero sin ser bueno ni malo tal vez podría estar volviéndose irrelevante.

El Foro Económico Mundial cumple este año su 50º aniversario. La idea que sustentó su creación y su trayectoria fue la de reemplazar el conflicto internacional con el comercio internacional. Para sus organizadores y la mayoría de sus delegados el FEM es una fuerza positiva que reduce la pobreza, que crea intereses comunes entre las naciones y permite la difusión de tecnologías que surgen para resolver problemas.

 

Quienes lo critican desde afuera dicen que todo eso es una ilusión auto-complaciente, que es una cubierta retórica para un sistema global que aumentó la desigualdad y priorizado las ganancias por sobre el bienestar del planeta. La imagen de estos poderosos personajes internacionales reuniéndose en Davos, un resort en las montañas de Suiza, es hoy más provocadora que nunca.

 

La reunión del año pasado puso mucho énfasis en el medio ambiente. Pero reconocer la importancia de esos temas y crear un cambio positivo son dos cosas muy diferentes. Allí se reúnen empresarios, financistas y políticos para cooperar para facilitar el crecimiento del comercio y las inversiones. Falta saber si esos mismos protagonistas pueden trabajar juntos para encontrar soluciones globales a los urgentes asuntos ambientales.

 

Los tres grupos aplauden con entusiasmo a activistas como Greta Thunberg, pero persiste la sospecha de que mucho no va a pasar. Lo que podría estar pasando es que el Foro de Davos no es ni bueno ni malo, solo irrelevante.

 

 

 

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