El cruce del “techo psicológico” del 60% de desaprobación marca un antecedente inquietante: en la historia reciente, los gobiernos que alcanzaron ese nivel no lograron revertirlo. Karina Milei, figura central de La Libertad Avanza, enfrenta incluso un rechazo mayor, con 68,2% de imagen negativa.
El voto castigo y la derrota bonaerense
El retroceso electoral en la provincia de Buenos Aires es atribuido, en gran medida, a un voto castigo por corrupción y deterioro económico. Solo 7% de los consultados lo asocia a “malos candidatos”. En cambio, 60% apunta a la gestión y a las denuncias que involucran a Karina Milei y a los Menem.
El candidato de Fuerza Patria lidera la intención de voto bonaerense con 41,8% frente al 31,9% de La Libertad Avanza. La lectura política es clara: sin un giro, el oficialismo se arriesga a perder las elecciones legislativas de octubre y a comprometer su gobernabilidad.
Cambio de rumbo o profundización
El 57,4% de los encuestados considera que el Gobierno debería modificar su orientación política y económica. Apenas 32,6% pide mantener la misma línea. Asimismo, seis de cada diez ciudadanos creen que el presidente debería pedir la renuncia a su hermana y a los Menem.
La reacción de Milei tras la derrota, consistente en acelerar y redoblar la apuesta, no encuentra eco en la sociedad: 54,1% rechaza que esa sea la estrategia adecuada.
La oposición entre expectativa y cautela
El peronismo se muestra prudente. La competitividad que recupera Fuerza Patria se explica más por el retroceso libertario que por un crecimiento propio. Los niveles de rechazo a sus dirigentes se mantienen altos y obligan a una administración cautelosa de su capital político.
Una fatiga con los liderazgos
Más allá de las coyunturas, emerge un patrón estructural: el hartazgo con la sucesión de liderazgos que decepcionan en poco tiempo. La sociedad ha depositado expectativas en proyectos políticos que no lograron sostenerse, lo que erosiona la confianza en la política en general.
Zuban Córdoba califica este fenómeno como una tormenta perfecta: crisis económica, crisis política y crisis social en simultáneo. En ese marco, la percepción mayoritaria es que lo peor aún no ha pasado.
El dilema del oficialismo
La historia argentina muestra que los momentos críticos no se resolvieron solo con medidas económicas. En 1989 y en 2001, la salida incluyó un reordenamiento político y de liderazgos. Hoy, el oficialismo enfrenta una encrucijada similar: persistir en la narrativa épica del “ir a fondo” o abrirse a un rediseño pragmático.
La decisión no afecta únicamente al Gobierno. También interpela a la oposición, que debe definir si se limita a capitalizar el desgaste libertario o si ofrece una alternativa concreta que evite nuevas frustraciones. Porque lo que la sociedad argentina parece ya no tolerar es otra promesa incumplida.












