El informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC correspondiente al segundo trimestre de 2025 ofrece una radiografía precisa del mercado de trabajo urbano. La tasa de actividad se ubicó en 48,1%, la de empleo en 44,5% y la de desocupación en 7,6%. Si bien este último indicador retrocedió 0,3 puntos porcentuales respecto del trimestre anterior, la presión global sobre el mercado laboral —que incluye desocupados, subocupados y ocupados demandantes— se expandió hasta el 30,5% de la población económicamente activa.
Un equilibrio frágil
La leve mejora en la ocupación no logra disimular que la economía argentina transita una fase de estancamiento. En términos interanuales, la tasa de empleo cayó 0,3 puntos porcentuales y la tasa de actividad descendió 0,4. Es decir, menos personas participan del mercado laboral y, entre quienes lo hacen, la proporción de ocupados es menor que en 2024. La estabilidad aparente de la desocupación —idéntica a la del segundo trimestre del año pasado— responde en parte a este repliegue.
La composición interna de los indicadores acentúa el diagnóstico: el empleo informal aumentó al 43,2% del total, 1,6 puntos por encima del mismo trimestre de 2024. De los 9,6 millones de asalariados, 3,6 millones carecen de aportes jubilatorios. Este deterioro en la calidad del empleo contrasta con la necesidad de generar trabajo formal que garantice cobertura social y estabilidad.
Diferencias regionales
El mapa regional muestra fuertes contrastes. Gran Buenos Aires exhibe una tasa de desocupación del 8,7%, con un pico del 9,8% en los partidos del conurbano. En la región Pampeana, la desocupación fue del 7,4%, mientras que en la Patagonia y el Noroeste descendió a 4,7%. El Noreste, en cambio, combina una baja tasa de actividad (43,0%) con un desempleo del 6,7%, reflejo de una inserción laboral más débil y menos diversificada.
En los aglomerados de menor tamaño (menos de 500.000 habitantes), la desocupación se ubicó en 5,5%, frente a un 8,0% en los más poblados. Esto sugiere que las grandes concentraciones urbanas sufren con mayor intensidad la insuficiencia de puestos de trabajo.
Género y educación
Las mujeres continúan mostrando tasas de desempleo más elevadas: 8,5% frente a 6,8% de los varones. Entre las jóvenes de 14 a 29 años, la desocupación llega al 16,9%, mientras que en los varones del mismo rango etario se ubica en 12,7%. El desempleo juvenil, persistente a lo largo de décadas, constituye un factor de inestabilidad social y limita la acumulación de capital humano.
La educación tampoco garantiza la inserción. El 71,3% de los desocupados tiene hasta secundario completo, pero casi un 29% cuenta con estudios superiores. En paralelo, más de la mitad de los ocupados (60,4%) posee solo nivel secundario o inferior, lo que refleja la dificultad de absorción del mercado para perfiles más calificados.
El tiempo de búsqueda y la persistencia del desempleo
Un dato revelador es que el 28,2% de los desocupados lleva más de un año buscando trabajo, proporción superior a la del mismo período de 2024. El desempleo prolongado erosiona las competencias adquiridas y suele desembocar en empleos precarios o en la inactividad definitiva, reduciendo el potencial productivo del país.
La presión de los ocupados demandantes
El 17,1% de la población económicamente activa está ocupada pero busca otro empleo. Dentro de este grupo, el 7,9% corresponde a subocupados demandantes (menos de 35 horas semanales con disposición a trabajar más), mientras que el 9,3% son ocupados plenos que, aun así, buscan una alternativa. Este fenómeno refleja tanto la insatisfacción con las condiciones actuales como la necesidad de complementar ingresos frente a una inflación persistente.
Una mirada estructural
El mercado de trabajo argentino se asemeja a un equilibrio inestable. La historia económica reciente demuestra que los momentos de expansión se caracterizaron no solo por aumentos en el empleo, sino por mejoras en la calidad de las ocupaciones. Hoy, en cambio, la tendencia es inversa: la estabilidad en las tasas generales convive con una precarización creciente.
En la comparación internacional, una tasa de desocupación inferior al 8% podría considerarse moderada. Sin embargo, el verdadero desafío radica en la informalidad. El 43,2% de los trabajadores fuera del sistema previsional limita la recaudación tributaria, debilita la seguridad social y perpetúa la desigualdad.
Desafíos hacia adelante
El informe del INDEC permite extraer tres advertencias centrales. La primera es que el desempleo, aunque estable, puede crecer rápidamente si la actividad económica se contrae, dado el elevado porcentaje de ocupados demandantes. La segunda es que el desempleo juvenil y femenino sigue siendo un núcleo duro de exclusión. La tercera es que el aumento de la informalidad compromete cualquier estrategia de crecimiento inclusivo.
Como en otros momentos de la historia argentina, el dilema no es solo cuántos empleos se generan, sino qué calidad tienen. Sin políticas de formalización, capacitación laboral y estímulos a la inversión productiva, el mercado de trabajo continuará funcionando como un espejo fragmentado: en él se refleja tanto la capacidad de adaptación de los trabajadores como la incapacidad estructural de la economía para integrarlos plenamente.












