May no convence ni a propios ni extraños
Fue “el show de la humildad”, donde la Primer Ministro británica pidió disculpas a toda la bancada de su Partido Conservador por el desastre de las elecciones a las que convocó segura de ganar por mayoría importante, y donde terminó perdiendo la escasa mayoría que tenía y comprometiendo el futuro partidario y la negociación por el Brexit.
Ante sus colegas irritados por la enorme falla de cálculo, se mostró arrepentida y dolida por lo ocurrido. Todo lo contrario a la arrogancia y actitud decidida de hace unos pocos días. Su promesa fue importante: se siente responsable de la actual situación, y promete limpiar este desastre. Lo que, por efecto acumulado, es más fácil prometer que realizar.
De un lado, con una precaria mayoría (con asistencia del poco confiable Unionismo de Irlanda del Norte y sus diez bancas), deberá mantener la normalidad de su gobierno y de su gestión administrativa.
Pero sobre todo, en un nuevo contexto, deberá encaminar las relaciones con la Unión Europea, en la áspera negociación del Brexit.
El giro es evidente: la dureza con que amenazaba ha comenzado a convertirse en flexible negociación. Es que dentro, y fuera del partido, resurge el espíritu de permanecer dentro del bloque o al menos, de diferenciarse lo menos posible desde afuera de él.
Este acto de contrición de May no parece sincero para cualquier espectador, pero está obligado por las circunstancias adversas. Cambió el tono de la primera hora tras la derrota: del "aquí no ha pasado nada" a aceptar muchas de las críticas y actuar en consecuencia (como por ejemplo, el apartamiento de sus dos principales asesores).
Entre los candidatos a disputarle el liderazgo, dentro de su propio partido, figuran el ministro de asuntos exteriores, Boris Johnson, y el del Brexit, David Davis.
Tras este ejemplo de unidad y solidaridad en las declaraciones públicas, la mayoría de los actores, en forma privada, sostiene que la posición de May es demasiado débil y que será impulsada a abandonar su cargo en un periodo cercano. Incluso para lograr aprobación de la agenda legislativa para el nuevo periodo, deberá conseguir más apoyo del que tiene hasta ahora.
Mientras tanto los negociadores europeos anticipan que Gran Bretaña puede llegar a la fecha límite de 2019 sin un acuerdo preciso sobre el Brexit de persistir las actuales dilaciones.
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