Llegó la hora de ahorrar petróleo también para Arabia saudita
El país se hizo rico con el petróleo y lo sigue siendo. Más que ninguno. Pero ahora necesita reformas para superar el momento de bajos precios y dejar de depender exclusivamente de su riqueza principal.
Desde mitad del año pasado los precios del petróleo vienen cayendo inexorablemente y muchos se preguntan por qué Arabia Saudita no ha intervenido recortando la producción como lo hizo durante la crisis financiera asiática, o la ruptura de la burbuja tecnológica en el 2000 y nuevamente al comenzar la reciente crisis financiera.
Por el contrario, Arabia Saudita decidió aumentar la producción a 10,3 millones de barriles diarios , su mayor nivel hasta ahora. Aunque la decisión parece para algunos económicamente injustificada, pues el costo de tener menores márgenes de ganancias se compensa con dos importantes beneficios: uno de ellos es el beneficio económico de mantener participación en el mercado y el otro es el beneficio geopolítico de sufrir menos daños por los precios que sus rivales estratégicos.
Sin embargo, comienzan a aparecer problemas. Por primera vez Arabia saudita tendrá un déficit de presupuesto de dos dígitos este año y las empresas miran al nuevo gobierno para ver qué va a hacer.
Lo más importante sería modificar el increíble despilfarro de energía que hace el país con sus recursos. El gas, por ejemplo, un subproducto de las perforaciones petroleras que los sauditas nunca pensaron que valía la pena exportar. Por lo tanto, lo usan generosamente.
A ellos les cuesta sólo 4 o 5 dólares extraer petróleo de la tierra , pero ahora ganan sólo US$ 60 por barril exportado. El consumo interno de energía se come más de la cuarta parte de la producción total de crudo. Inmensas cuatro por cuatro cruzan los desérticos caminos consumiendo nafta a US$ 0,45 por galón. Los precios de la energía tendrán que subir para dar algún incentivo a la eficiencia en el uso del recurso y para la inversión en fuentes alternativas como energías renovables.
También necesitan diversificar, encontrar nuevas fuentes de prosperidad. La clase media se expande, trabaja en el sector privado, en manufactura, en educación y en servicios empresariales. Pero hace falta hacer mucho más para que el país deje de ser absolutamente petróleo dependiente.
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