La inflación mayorista duplicó su ritmo interanual y volvió a encender las alarmas del costo empresario
El índice de precios internos al por mayor (IPIM) registró en septiembre un aumento de 3,7% respecto de agosto, impulsado por la suba de los productos importados, que treparon 9%, y de los nacionales, que avanzaron 3,3%, según informó el INDEC. En los primeros nueve meses del año, el incremento acumulado alcanzó 20%, mientras que la variación interanual fue de 24,2%.

El dato confirma la persistencia de la inercia inflacionaria en la cadena de producción y anticipa presiones sobre los precios al consumidor en los próximos meses. La medición, que capta la evolución de los precios a los que productores e importadores venden al mercado interno, actúa como un termómetro adelantado del nivel general de inflación.
Entre los rubros que más incidieron en la suba del mes se destacaron productos agropecuarios (0,42%), refinados del petróleo (0,37%), vehículos automotores, carrocerías y repuestos (0,35%), petróleo crudo y gas (0,34%) y alimentos y bebidas (0,24%). En cambio, la energía eléctrica apenas varió 0,4%.
El aumento del componente importado —nueve veces superior al de los manufacturados locales— refleja el impacto de la depreciación del peso y de la suba internacional de insumos industriales. La devaluación reciente encareció los bienes transables, lo que repercutió con fuerza en maquinarias, autopartes y productos químicos.
El Índice de precios internos básicos al por mayor (IPIB), que excluye el efecto impositivo, subió 4,1% en el mes y acumula 20,8% en el año, mientras que el Índice de precios básicos del productor (IPP), que mide los precios percibidos por los productores locales incluyendo exportaciones y excluyendo importaciones, avanzó 4,0% en septiembre y 21,2% en el acumulado anual.
En la comparación interanual, los precios mayoristas crecieron 24,2%. El incremento fue particularmente elevado en los productos manufacturados y energía eléctrica (+25,4%) y en los productos agropecuarios, que aumentaron 29,7% frente a septiembre de 2024. El rubro vehículos automotores subió 30,8%, en tanto que los equipos médicos e instrumentos de medición aumentaron 30,4%.
El ritmo de los precios mayoristas, aun más moderado que en el primer semestre, confirma que la economía se mantiene en un sendero de inflación de dos dígitos altos, en un contexto de desaceleración de la actividad y apreciación real del tipo de cambio. La brecha entre precios mayoristas y minoristas tiende a cerrarse lentamente, pero los costos industriales y logísticos continúan trasladándose a los precios finales.
Desde una perspectiva macroeconómica, la evolución del IPIM expresa la tensión entre dos fuerzas contrapuestas: la política monetaria contractiva que busca frenar la demanda y la presión cambiaria que empuja los precios hacia arriba. Mientras el Banco Central sostiene la tasa real positiva y restringe la expansión del crédito, la falta de divisas mantiene la expectativa de nuevas correcciones cambiarias que se anticipan en los precios de insumos y bienes intermedios.
El sector manufacturero, que concentra más del 70% de la ponderación del índice, muestra incrementos heterogéneos. Las subas más pronunciadas se registraron en productos metálicos básicos (+8,2%), máquinas y aparatos eléctricos (+8,1%) y vehículos automotores (+5,0%), todos ellos sensibles al tipo de cambio y a la disponibilidad de insumos importados. En cambio, textiles, alimentos y bebidas y papel y productos de papel tuvieron variaciones inferiores al promedio.
El comportamiento de los precios primarios, con un alza mensual de 4%, se explica por la recuperación de los productos pesqueros (+8,5%) y del petróleo crudo y gas (+4,2%). Estos movimientos reflejan tanto factores estacionales como la normalización de precios internacionales tras la caída registrada durante el invierno boreal.
El incremento sostenido de los precios mayoristas plantea un desafío adicional para la política económica del gobierno, que enfrenta un escenario de inflación reprimida en servicios regulados y tarifas energéticas. A medida que se avanza hacia la recomposición de los precios relativos, el traslado de los aumentos mayoristas al consumidor final podría intensificarse.
En los nueve meses transcurridos de 2025, el índice acumula un aumento del 20%, con una trayectoria similar en las distintas variantes (IPIB e IPP). Este comportamiento sugiere que, pese a cierta moderación respecto de los picos de 2024, los costos de producción y comercialización continúan en ascenso.
La persistencia de la inflación mayorista es también un indicador de la falta de anclaje en las expectativas empresariales. Aun en un contexto de demanda contenida, los agentes económicos ajustan precios de manera preventiva, ante la incertidumbre cambiaria y fiscal. La estabilidad de corto plazo, por tanto, depende más de factores exógenos —tipo de cambio, tarifas y precios internacionales— que de una convergencia genuina de la política macroeconómica.
En definitiva, el dato de septiembre confirma que la inflación sigue siendo un fenómeno estructural en la economía argentina. Mientras los precios mayoristas marcan el pulso del costo interno, los consumidores se preparan para un último trimestre en el que la moderación será, todavía, una promesa más que un resultado.
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