La herencia para el 2024 de la economía argentina
Si bien hubo un rebote de nivel de actividad después de la caída del 2020 por la pandemia, la mirada de mediano plazo de la economía del país dista de ser positiva. En términos per cápita, el ingreso promedio de los argentinos (poder adquisitivo) se ha contraído casi 10 puntos en los últimos diez años.

Lo que compara con el avance de cerca de 20 puntos registrado por el promedio mundial en igual período. En este muy complejo 2023, el gobierno enfrenta severas limitaciones, tanto por la falta de tiempo hasta las elecciones, como por el persistente deterioro de los indicadores de confianza, ingredientes clave para diseñar y ejecutar un plan que pueda encauzar la economía y permita volver a un crecimiento sostenido.
El actual programa con el FMI y el rediseño de las metas apenas podrían, sin plenas garantías, evitar que se espiralicen los desequilibrios macroeconómicos para llegar a las elecciones de fin de año, según advierte el informe del IERAL de la Fundación Mediterránea.
En este contexto, se trata de calibrar la herencia económica que recibirá la próxima administración, comparando con fin de 2015 y 2019 (últimas dos elecciones generales). Para ello, se consideran siete bloques: el contexto externo; el interno; la confianza de los mercados; la distorsión de los precios relativos; los factores potenciales de emisión monetaria; los desequilibrios de las cuentas externas y del sector privado, y la fortaleza del Banco Central ante eventuales shocks negativos.
En principio, puede consignarse que el balance de fin de 2023 sería algo más negativo que el de 2015, pero bastante más complicado que el de 2019. Para los 7 grandes temas considerados, se encuentra que la situación de 2023 empeora la de 2015 en 3 items; en 2 se advierte una mejora, uno se cataloga entre mejor e igual y el séptimo resulta indeterminado. Respecto de 2019, la herencia para 2023 resulta bastante más complicada, con 4 items que han empeorado, sólo uno luce mejor, otro igual o peor, e indeterminado el último.
No es novedad que la economía de nuestro país registra severas complicaciones desde hace varios años. Si bien hubo un rebote de nivel de actividad después de la caída del 2020 por la pandemia, la mirada de mediano plazo dista de ser positiva. En términos per cápita, el ingreso promedio de los argentinos (poder adquisitivo) se ha contraído casi 10 puntos en los últimos diez años, comparado con el avance de cerca de 20 puntos registrado por el promedio mundial en igual período.
En este muy complejo 2023, el gobierno enfrenta severas limitaciones, tanto por la falta de tiempo hasta las elecciones, como por el persistente deterioro de los indicadores de confianza, ingredientes clave para diseñar y ejecutar un plan que pueda encauzar la economía y permita volver a un crecimiento sostenido. El actual programa con el FMI y el rediseño de las metas apenas podrían, sin plenas garantías, evitar que se espiralicen los desequilibrios macroeconómicos para llegar a las elecciones de fin de año.
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