La globalización, vivita y coleando
Según la teoría predominante en todos los ámbitos, la globalización estaría muerta – o al menos en retroceso- como lo demostraría el Brexit y el triunfo electoral de Donald Trump. Pero, para muchos otros, “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”, como diría Don Juan Tenorio.
Toda la información disponible indica que está más fuerte que nunca. Durante el año pasado, el número de viajeros internacionales (sea por trabajo, por turismo o por educación y formación) siguió creciendo. Según la World Tourism Organization, en el primer semestre de 2016, los arribos de turistas internacionales en todo el mundo creció 4%, totalizando 561 millones de personas.
Al término del tercer trimestre, el volumen del comercio mundial –que está subiendo sin cesar desde 2009- creció 1,7% en los doce meses precedentes. Aumentan las compras internacionales online, y diariamente en camiones, barcos, trenes y aviones, circulan gente, bienes, información y servicios de toda índole.
En este momento, la idea de la globalización es como una moneda: tiene dos caras. Y depende de quién y de qué cara se mira, es la realidad que se percibe.
Para los optimistas, lo que importa son estas cifras de crecimiento estadístico del año pasado. Para pesimistas e incluso realistas, lo significativo es lo que puede venir.
Las encuestas revelan que vastas capas de la población en Estados Unidos, y también en Europa, piensan que la globalidad no ha funcionado como se suponía, y que el libre tránsito y comercio de personas, bienes y servicios, ha impedido su propio crecimiento económico, favoreciendo a otras áreas geográficas.
Una importante encuesta del Pew Research Center, por ejemplo, reveló que 49% de los estadounidenses piensan que la estrategia globalizadora ha implicado bajos salarios y pérdida de empleos (contra 44% que piensa que ha tenido efectos positivos).
Desde que asumió como presidente, Donald Trump ratificó sus promesas de campaña. Piensa revisar –tal vez terminar- con el NAFTA, el acuerdo de libre comercio con México y Canadá. Extendió el acta de defunción al Tratado Trasnpacífico de libre comercio con otros 12 países ribereños del océano Pacífico, pieza clave de la estrategia de Washington para contener a China en esa superficie de agua, adonde se ha desplazado ahora el poder efectivo.
Voces parecidas se encuentran en varios países de la Unión Europea.
Definitivamente, es probable un serio retroceso del ideal globalizador.
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