El leve aumento de la actividad económica en agosto —apenas 0,3 % frente al mes anterior— ratifica el estancamiento que atraviesa la economía argentina desde el segundo trimestre de 2025. Así lo señala un informe reciente del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), que identifica tres fases distintas desde el inicio de la actual administración.
Tres etapas bajo el nuevo programa económico
Según el estudio, la primera fase, correspondiente al cierre de 2023 y los primeros meses del nuevo gobierno, estuvo marcada por una contracción de 3,8 % en la actividad, producto del ajuste fiscal inicial y la fuerte caída del consumo interno.
La segunda etapa, de recuperación parcial, se extendió por unos diez meses y permitió un rebote de 8,7 %, impulsado por la normalización de precios relativos, la liquidación del agro y el repunte de algunos sectores exportadores.
La tercera fase, que abarca la mayor parte de 2025, muestra nuevamente una contracción del 1 %, con la economía ubicándose levemente por encima del nivel de noviembre de 2023, pero sin señales claras de crecimiento sostenido.
Un mapa heterogéneo de sectores
El IERAL destaca que solo tres ramas de actividad lograron cerrar el período con balance positivo: finanzas (+8,8 %), minería (+5,8 %) y, en menor medida, servicios vinculados a tecnología y agroindustria. El resto de las actividades se mantuvo estancado o en retroceso.
Entre los sectores más rezagados aparecen la construcción (-13 %), la industria manufacturera (-6,7 %) y el turismo (-4,4 %). En este último caso, la contracción responde tanto a la menor demanda interna como a la lenta recuperación del turismo internacional receptivo, que continúa 26 % por debajo del nivel prepandemia.
Factores estructurales y limitaciones del modelo
El informe subraya que la desaceleración refleja el déficit de la estrategia macroeconómica para sostener el nivel de actividad en un contexto de ajuste. La menor ejecución del gasto público y la caída del crédito interno restringen el consumo y la inversión, mientras la apreciación del tipo de cambio real erosiona la competitividad de las exportaciones no primarias.
La mejora de algunos indicadores financieros —como la baja del riesgo país y la estabilidad cambiaria— no logró traducirse todavía en un impulso real sobre la producción. El IERAL advierte que la economía “permanece en una meseta de bajo crecimiento, con signos de heterogeneidad sectorial y regional”.
Perspectivas
Para los próximos meses, el instituto proyecta un comportamiento moderado de la actividad, sostenido en los sectores exportadores, pero con dificultades persistentes en la demanda interna. La incógnita central es si la política económica podrá combinar disciplina fiscal con estímulos al crédito y la inversión productiva.
El diagnóstico es claro: el rebote de comienzos de año fue transitorio. Sin reformas estructurales que amplíen la base productiva y mejoren la competitividad, la economía argentina corre el riesgo de consolidar un crecimiento débil y desigual.












